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LA FOTO


Maravillosa tarde de jueves...

Hace algunos días mi sobrina Ana Andrea, publicó esta foto en Facebook, que yo no recordaba y me conmovió tanto verla que me apoderé de ella y la republiqué en Instagram, con una breve nota cariñosa, tal como la sentí. Desde entonces, no me canso de verla, la veo una y otra vez, la amo.

Una amiga me comentó: “esa es una foto para escribir una historia de amor”.

Y a esta humilde enamorada de las letras, a la que muy poco le cuesta ilusionarse con pequeñas luces para armar frases y plasmarlas sobre un papel; ante semejante propuesta, en la que, el protagonista sería, nada más y nada menos que, una de sus personas favoritas del “mundo mundial”, ipso facto sucumbió ante ella.

Entregándome pues al teclado, intenté darle vida en palabras, a la imagen en cuestión, la que, de no ser por la nitidez de la cruz roja, podría asegurar que estaba impresa en sepia, ese tono marrón cálido, amarillento de las fotos antiguas, cuando aún no existía la idea de color en la fotografía… Juraría que estaba en ese tono vintage, que invita a la nostalgia y evoca momentos. Tal vez porque no la miré con los ojos, sino con el alma.

Realmente la historia de amor no está en los colores, sino en cada elemento de la foto, cada uno más perfecto y significativo que el otro.

Mi personaje principal de la foto es el médico… serio, circunspecto, concentrado, tranquilo, mirando al niño. Transmite paz, serenidad y confianza. Refleja vocación de servicio y amor por su profesión. Es Pedro José Alvarez González, mi papi amado, del que hablaré al terminar de describir la foto.

El primer elemento visible de la foto: la cruz roja, llama la atención porque es el único color vivo de la imagen. Emocionalmente, es mucho más que eso, porque, mi papá, no solo estuvo directa y personalmente ligado a la institución desde diferentes cargos y actividades, incluyendo la Presidencia… sino que su esposa, mi mamá, María Eugenia Brunicardi de Álvarez, sin ser médico, ni enfermera, y siempre ad honorem, fue la presidenta de la Cruz Roja venezolana, durante un poco más de una década. Mi mamá nunca manejó y mi papá la llevaba, la buscaba y la esperaba, todos los días mientras estuvo a cargo de la Cruz roja.

La enfermera es tal cual, como recuerdo a la típica enfermera de la Cruz Roja, con su uniforme blanco impecable. Abriendo la foto, casi logro apreciar una esquinita de la cofia blanca, que se veía tan elegante y profesional y que hace mucho no se utiliza. Noto la delicadeza con la que sus manos sostienen al niño, ligeramente sonreída. Una prima me comentó que parecía sacada de una película de la Segunda Guerra Mundial. Estoy totalmente de acuerdo con ella.

El niño morenito, bello, inocencia pura, asumo que sintiendo el frío del estetoscopio en su pechito desnudo… sus ojitos fijos en el médico, con respeto, tal vez admiración, quizá un dejo de sustico, ansioso, como esperando algo. 

La madre seria, presente, mirando al niño, atenta, respetuosa, guardando cierta distancia, quizá a la espera de un diagnóstico.

Puedo sentir el silencio de la imagen. Estoy dentro de la escena que parece de película, aunque es auténtica. Tal vez en esta  época, en las que las consultas médicas suelen ser más relajadas, esa escena resulte intimidante, pero ¿qué examen médico no lo es?

El médico de la foto… Pedro J., Perucho, o el Doctor Álvarez, como la mayoría lo llamaba, nació en Caracas, el 12 de febrero de 1912, hijo de Víctor Manuel Alvarez Hernández e Irene González de Álvarez, y hermano de Carmen Álvarez de Cedeño. Perucho y Chachita, los hermanos de sonrisa dulce y amable.

Pedro J. estudió medicina en la universidad Central de Venezuela. Se graduó en 1936, obteniendo el título de médico cirujano y luego el doctorado en Pediatría, especialidad a la que dedicó toda su vida.

El 17 de julio de 1939, se casó con María Eugenia Brunicardi Ponce, hija de Rafael Brunicardi y María Teresa Ponce Lanz. María Eugenia tenía 4 hermanos: Rafael, Uberto, Gastón y Preston, quienes, a pesar de ser muy celosos con su única hermana, era tal el grado de respeto y admiración que profesaban hacia Pedro J. que, siendo sus cuñados, lo llamaban Dr. Álvarez.

Perucho y María Eugenia tuvieron tres hijos: Víctor Rafael e Irene Teresa, a los que bautizaron con los nombres de sus abuelos, y la que escribe esta historia, María Eugenia, de sobrenombre Maucha, “la maraquita”, que intuyo no entraba en sus planes familiares, porque cuando nací, Víctor tenía 17 e Irene 13… mis padrinos de bautizo.

El galeno de esta historia, al inicio de su carrera, trabajó en campos petroleros de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, donde estaba el corazón operativo de la Creole Petroleum Corporation. En Caracas trabajó en el Hospital materno infantil de Caricuao, en el Hospital de niños J.M. de los Ríos, en la Cruz Roja venezolana y en un centro médico de la Guardia Nacional, ubicado en el Paraíso. Durante muchos años tuvo su consulta privada en el Centro Médico de Caracas, que atendía todas las tardes, sobre las 5:00 p.m., al regresar de su periplo de hospitales públicos. Fue profesor de Pediatría del hospital Universitario de Caracas, y de Puericultura en la escuela de enfermeras de la Cruz Roja y también en 3er año de bachillerato del Instituto Escuela. Y no fueron pocas las ocasiones, porque lo recuerdo como si fuera ayer, en las que recibía llamadas a media noche, de mamás llorando, porque el muchachito volaba en fiebre, gritaba del dolor de estómago o estaba convulsionando. A esa hora, se iba manejando y mi mamá lo acompañaba siempre (juntos a todas partes), a las zonas más peligrosas de Caracas. Iba con su maletín de cuero, igualito al de san José Gregorio Hernández, con sus iniciales grabadas (PJA), el que orgullosamente conservo en la sala de mi casa. Y lo mejor, que lo sé porque me lo contaba mi mamá, es que a mi papá lo conmovía tanto la pobreza de algunas familias a las que visitaba, que no aceptaba que le pagaran la consulta.

Pedro J. fue presidente de la Cruz Roja Venezolana, presidente del Consejo Venezolano del Niño, Individuo de Número de la Academia de Medicina y escritor de incontables artículos de pediatría y dermatología pediátrica, y de muchos otros de actualidad de la época. Fue rotario, presidente del Rotary Club de Caracas y gobernador del Distrito 437 del Rotary Internacional. Era gran jugador de dominó. Y ¿quién sabe cuántas cosas más?, que no recuerdo o de las que no me enteré, por llegar a sus vidas cuando ya llevaban mucho camino andado.

Siempre bajo perfil, de trato amable, correcto, generoso, de una bondad excepcional, todo un señor de los que quedan pocos. Eso sí, sin que faltara nunca el más fino sentido del humor, era muy gracioso y a todo le sacaba un chiste. Como mis migrañas comenzaron desde muy joven, y creo que las heredé de él, cuando le decía que me dolía la cabeza, me respondía con su sonrisa entre dulce y sarcástica: “Pero mamita, ¿cómo te va a doler algo que no tienes?”.

Nunca le oí levantar la voz. Vivíamos en la Urbanización Ávila, y durante mucho tiempo, la casa no tuvo muro. Relativamente cerca, quedaba el barrio Chapellín. Lo que sí lo hacía molestar y mucho, era que los muchachos del barrio, entraran al jardín y se robaran las frutas de los árboles de mamey y de mango… Creo que son los únicos momentos en los que recuerdo haberlo visto bravo y hablando alto.

Fue un médico muy liberal para la época, sin drama. Mientras todos decían que no se podía comer helado o tomar algo frío con dolor de garganta; o tomar solo manzanilla si estabas enfermo del estómago o habías vomitado, él me decía: “Mamita, si te provoca, cómetelo, no te va a hacer daño”. Para vacunar a los nietos, pedía que los tuvieran listos, con la nalguita pelada y los ojos cerrados. Entraba en absoluto silencio, sigiloso, inyectaba y se iba corriendo, para que se no se enteraran de que había sido él. Le parecía horrible que supieran que Papapa era quien los había puyado; aunque tenía tan buena mano, que casi nunca lo sentían.

Era un gran tipo mi papi. Al día de hoy, su bondad me sigue inspirando cada día de mi vida. Siempre me quedo corta cuando se trata de hablar de él. Podría crear otra historia, con cada cosa que fui recordando mientras escribía esta.

Muy próximo el día de la madre, y aparece esta foto. Tal vez, previo al día del padre aparezca una de mi mamá que no recuerde... Ahí, con seguridad, habrá mucha tela que cortar.

Maucha.


Comentarios

  1. Mau querida!! Que bella historia de amor!! Plena de sentimiento genuino y amor del bueno!!
    Dejando correr la imaginación, si en las manos del niño de la foto, cayera ese hermoso documento gráfico, también podría escribir su propia historia de amor!! Que ya la puedo ir intuyendo!
    De nuevo te felicito y seguramente la amiga que sugirió convertir esa bella imagen en una historia de amor, debe estar complacida al leer tus líneas llenas de amor! De ese amor que perdura en el tiempo!!
    Bello!!!
    Yy.

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  2. Gracias Mau, realmente tienes el don de la escritura ✍️. Vaya historia tan Preciosa 👏🏻👏🏻👏🏻🥰

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  3. Hermoso homenaje al Dr. Alvarez. Un ser humano noble,generoso y trabajador incansable . El esposo, padre y abuelo mas amoroso que he conocido. También excelente médico. No conozco a nadie que no hable con respeto y admiración del Dr. Alvarez o de Perucho, según el grado de confianza que tuvieran.
    Tu y tus hermanos tuvieron un papá de lujo.

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  4. Que belleza de historia,recordar la vida de tu papi con tanto amor. Me encantó leerte. Recibe muchos cariños 😘

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  5. Primaaaa querida!!!!
    Disfruto cada frase que expresas en tu relato, y tengo un nudo en la garganta, producto del amor entrañable, que siento por mi tío Perucho…. Se escapan lágrimas a lo largo de la lectura… Realmente plasmas su personalidad y sus características y una sonrisa me viene cuando hablas de su humor, tan fino, lo recuerdo claramente!!!
    Gracias por traer tantos recuerdos hermosos, mi querida prima…LQM❤️

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  6. Que lindo escribes.
    Muy placentero leer tu espectacular narrativa.
    Eres una maravilla y me siento muy orgulloso de ti.
    Felicitaciones…
    Besos, abrazos y bendiciones!!!

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  7. Manita querida! Q bello relato. Me parece estar presente en cada párrafo q escribes. Realmente tuvimos un papá excepcional. Gracias por escribir tan lindo de el. Te quiero mucho.
    Tu hermana madrina

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  8. Que escrito tan simpático y amoroso del recuerdo de tu papi en tu vida …tanto que hasta creo que lo conocí !!! Lo que logra una foto de recuerdo

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  9. He leído esto con mis alumnos de 12, que viene siendo 5to año en Venezuela, porque quiero que vean lo que es escribir con alma, vida y corazón. Mis chamos están recurriendo día y noche a la IA y no están dejando que su mente piense, que su corazón ame y el alma se esplaye. Amé esa frase que pusiste "entregándome al teclado". Al terminar de leerlo me dijeron que estaba increíble y acto seguido, más de uno dijo que ellos no serían capaz de escribir así. Me infarté al ver que ya declaran esto como un imposible. Así que, sigue escribiendo mi Mauch y sigue demostrando lo que es escribir con el alma. Yo seguiré pidiendo al cielo que estos dones no se acaben y en medio de tanta tecnología, sigan existiendo "Mauchas" en el mundo, que son esas personas que a través de las líneas te montan en un viaje lleno de aventuras y sentimientos. Te adoro. Blanquis.

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  10. Mi querida hermana Mau . Indiscutiblemente que disfruto enormemente de esas historias familiares , que llenan los corazones de orgullo y gratitud de haber tenido en nuestras vidas padres ejemplares. Espero más narrativas .me encantó.

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  11. Wow que belleza de historia!!💞🫶🫶💙 me encantó!
    Ya se a quien saliste… 😉 El cuento de la inyección me recordó mi suegra, ella hacía lo mismo con mis hijas, la diferencia que me daba la inyectadora a mi, como si hubiera sido yo la q la puso!!
    Te felicito amiga querida, otra historia bonita, llena de sentimientos y de amor puro🫶… del bueno!!
    Te quiero!!!💕

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  12. Comadre querida! 💓

    Qué hermosura de relato; hilado con palabras tan tiernas que tejen la mirada del amor trasmitido por el hacer de un ser humano entregado al amor de la vida de todos a los que servía amando y cuidando a sus semejantes a toda hora, lugar o condición humana. Escucho la humildad cómo fortaleza, pues lo hizo sin pretender ninguna vanidad.
    Todo lo que escribí ha sido gracias a tu escritura, empapada del espíritu del amor y la bondad tanto de tu viejo Don Pedro y la tuya que nos ofreces tan tierno y dulce reconocimiento.
    Gracias por compartirlo comadrita querida! Chapó! 👏🏻😘

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  13. Bella historia manita.
    Cada comentario que haces, no hace mas que revivir una imagen de cuerpo presente en mi memoria. Cada una de esas anécdotas y pequeñas historias estàn impresas aun en my condiciòn de hombre viejo e hijo mayor de perucho. Te felicito por haber sabido leer la.belleza de su carácter, naturaleza y personalidad. Tuherma.

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  14. “¡Qué belleza, Mau! Qué orgullo ser su nieta. Tantas cosas que no sabía. Me encanta aprender de sus vidas.

    Mi papi me estaba contando el otro día que ellos viajaban a Europa en el verano y que se tomaban meses viajando en barco. Uno no se da cuenta de estas cosas.

    Quiero oír más y pasar esta bella historia de servicio a la humanidad a mis hijos. Lo siento tan cercano que realmente me conmueve.”

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  15. Que bellas tus palabras Mau, mi tía adorada. Como me sentí como que si estuviera en el estudio de Papapa saludándolo llegando de Mérida para pasar las vacaciones allá en esa Casa que todavía veo perfectamente en mi memoria que no es muy buena en estos años. Me acuerdo de su sonrisa y alegría de vernos y después otra vez a su máquina de escribir rodeado de libros por todas las paredes y periódicos por todos lados. Que recuerdos tan lindos.
    Gracias Mau por usar tus palabras tan poderosas para crear tanta felicidad en mi mente. Te amo tía bella.
    Fabi.

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