Ir al contenido principal

ACTUALÍZATE Y DÉJATE QUERER

 

Muy feliz fin de semana para todos...

Solemos hablar de los hijos que abandonan a los padres en su vejez. La cosa más triste, injusta y dolorosa que existe y nadie está exento de transitar ese camino. Es un tema cuya raíz suele ser la falta de valores, de formación, de sensibilidad, de lo que no recibieron; pero también puede partir de hijos con almas ingratas y malucas, sin motivo aparente... Hay de todo en la viña del Señor. Yo tenía una amiga que decía: “De padres malos, hijos malos, de padres buenos, nunca se sabe”. También de padres malos pueden salir hijos buenos.😉

Hay un eslogan que leí por ahí: «No olvides a los que olvidan»… para reflexionar.

En fin… No podía abrir este tema sin mencionar el camino de los hijos hacia los padres, que es el más común, conocido, comentado, crudo e inhumano, y que me encantaría tocar en otra publicación, aunque no es ese, el que me trajo hoy hasta aquí para escribir estas líneas, sino, exactamente, el que va en la dirección contraria… «Dejarse querer».

¿Dejarse querer?, ¿cómo así? Pues tal cual como lo lees.

Es una disposición firme y habitual a sentirte bien cuando alguien te quiere y te atiende, es dejar que lo haga, agradecerlo y hacer sentir bien a esa persona por hacerlo.… No es aprovecharnos de la otra persona y decidir no hacer nada. No, en lo absoluto, se trata de valorarlo, disfrutarlo y dar las gracias por ello. Y resulta que, cuando no lo requerimos, suele ser fácil e inclusive, puede llegar a ser muy placentero. Complicado es cuando se vuelve necesario.

Algunas personas, tendemos a sobreproteger y a colmar de atenciones a los nuestros y nos encanta ayudar en todo lo que podemos…

Pero cuando nos toca a nosotros que nos cuiden, que nos atiendan, y sobre todo cuando hemos llegado a la tercera edad y comienzan a aflorar las limitaciones… nos cuesta y mucho, aceptar esas atenciones. O lo hacemos de mala gana, porque no nos queda más remedio. Ese sentimiento es maluco y cansón… y nuestra respuesta interior parece decir: «Al cabo que ni quería». 😏

Y ¿por qué nos cuesta tanto? Porque queremos ser autosuficientes y seguir valiéndonos por nosotros mismos. Y eso es muy normal, aunque en ocasiones, no es tanto por nosotros mismos, sino por no quedar mal con los demás, con los hijos, con los nietos, con los más jóvenes. Y ni se diga con los que son “solo” un poquito más jóvenes, casi contemporáneos, porque no queremos que piensen que somos inútiles y necesitamos demostrar que podemos solos, sin ayuda, aunque humanamente, no podamos.

Lo más básico suele ser, decir: «es que me da pena o vergüenza molestar». O «es que yo tengo que demostrarme a mí misma que puedo». Y yo me río y pregunto, ¿seguro que es a ti mismo(a) que tienes que demostrarte algo?

Yo, que por todo digo: ¡Ay que pena!, lo hago como un decir, como chiste familiar, no como un sentimiento real, aunque por momentos sí sienta un dejito de vergüenza porque se están tomando muchas molestias conmigo y por mí. Pero sin drama, creo que es un tema cultural. Lo grave es convertirlo en un acto consciente de molestia para mi y como consecuencia, para el otro.

Todos pasamos por ese malestar de sentir que no podemos valernos por nosotros mismos en algún momento de la vida y por diferentes razones, unos más temprano, unos más tarde, y eso es, perfectamente natural. Para nada criticable, pero en mi humilde opinión, hay que saberlo canalizar, para que no se vuelva una amargura.

¿Qué me dicen del desgaste emocional que implica querer demostrar, permanentemente, algo que nos cuesta demostrar? Es una lucha constante, un agotamiento. Es ir contra la corriente, todo el tiempo.

¿Y el efecto que causa eso en el otro? Puede molestarles o incomodarles que no nos dejemos atender, pero también puede ser razón de burla porque saben que ya no podemos hacer algo que queremos que los demás crean que sí podemos, y eso resulta peor aún ¿Me explico?

¿Se han puesto a pensar que aquí puede haber necedad, orgullo y hasta soberbia?

Sí, sí las hay, y también hay falta de coherencia y de autenticidad. No se trata de seguir siendo los mismos siempre, se trata de ser lo que somos. Si necesitamos aparentar algo o que noten algo, tratemos de que sea lo que realmente soy hoy; no, lo que fui ayer. Ayer fuimos una cosa y lo disfrutamos. Fuimos jóvenes, con salud, belleza, con la piel firme, sin canas, sin arrugas, con la mente lúcida, las facultades mentales en pleno uso. Hoy ya no somos eso, entonces seamos el hombre o la mujer que somos hoy, intentando valernos por nosotros mismos, pero cuando llegue el momento en que eso no sea posible, porque va a llegar, dejemos de sentirnos una carga, intentemos aceptarlo y de la misma manera, agradezcamos los mimos y atenciones, de aquellos que nos quieren y a quienes les va a tocar atravesar el mismito puente por el que estamos pasando nosotros hoy.

Y no se trata de descuidarnos, porque la sana coquetería es muy válida, importante y positiva. Tratar de estar siempre arreglado, bien presentado, no es fingir, es quererse a uno mismo, respetando lo que somos, no tratando de aparentar lo que no somos.

Si alguien es feliz queriéndonos y atendiéndonos, hagamos un esfuercito inicial por disfrutarlo y por demostrar que lo valoramos y nos hace felices, hasta que lo logremos espontáneamente, sin mayores sacrificios. 

Recordé la frase que le dijo Jesús a Pedro: «De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas donde querías; más cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará donde no quieras». (Juan 21:18). ¿Así o más claro?

He tratado de no ser demasiado directa para evitar susceptibilidades, pero la verdad es que lo que quiero decir es que no seamos unos viejos malcriados y acomplejados, tratando de dar una imagen que ya es imposible de proyectar. Tratemos de ser felices y auténticos, con lo que somos hoy. La permanente añoranza de una cara, de un cuerpo, de una condición física o mental, de lo que fue y ya no es, nos envejece y nos amarga más y más rápido. Vivamos y disfrutemos lo que somos. Ya vivimos y disfrutamos lo que fuimos. No le amarguemos la vida a quien quiere atendernos de más, porque nos quiere, porque siente que ya no podemos o simplemente, porque se nos dificulta.

Y si son extraños y nos atienden o ayudan, no porque nos quieren sino por educación y respeto a las canas, a la edad… disfrutemos eso también, nos lo hemos ganado y punto. 

No seamos unos viejos gruñones y amargados. Aprendamos a vivir y a agradecer nuestra vejez, porque muchos no han llegado a ella. Vivámosla como venga, a veces el cuerpo es limitado pero el alma puede seguir siendo joven. Aprovechemos al máximo esa alma joven y saquémosle el jugo, cada quien a su manera. De hecho, tratemos de mantener siempre esa alma joven, muy joven, con alegría, con gratitud, perdonando, amando, poniéndonos en los zapatos del otro, manteniéndonos al día en todo lo que nos sea posible, ACTUALIZÁNDONOS permanentemente, en tecnología, series, películas, literatura, música, deporte, política y/o en lo que más nos guste … para eso no hay edad. No permitamos que los años se conviertan en daños.

No seamos viejitos chochos, a veces prematuros, quejándonos de todo o abandonándonos a la vejez. Seamos auténticos y coherentes con el momento y la condición exactos que nos esté tocando vivir. Se trata de querernos, cuidarnos, valorar la sabiduría y la experiencia que nos otorgan los años, pero contemplando siempre el plan B de dejarnos querer, cuidar y atender, llegado o no, el momento en el que el cuerpo, la sabiduría y la experiencia comiencen a fallar.

Amo mis años, mis canas, los dones que Dios me ha regalado y la mirada que tengo hoy, que no tenía hace unos años… Mis arrugas y mi peso, no los amo tanto, pero los acepto, ni modo... 😉  

Súper feliz y bendecida semana. Que nunca falte el humor. Los quiero.

Comparte con tus amiguitos(as) contemporáneos.

Mau.

Https://648a4cbc3276b.site123.me/ mabrelatos.blogspot.com/ mabrelatos

Comentarios

  1. Que cierto y claro lo que escribes , cuanto hay que agradecer cuando nos quieren y desean estar junto a sus padres o abuelos los hijos o nietos, es una bendición y hay que sentirse tan afortunados.
    Amor con amor se paga !!!

    ResponderBorrar
  2. Realmente es así, aceptar lo que llega sin equanon !!

    ResponderBorrar
  3. Excelente Mau recordarnos eso tan importante como es dejarnos cuidar y consentir. Los que tenemos esa dicha de tener personas cercanas que nos demuestren ese amor , somos muy afortunados y debemos apreciarlo y disfrutarlo sin sentir vergüenza. Mantenernos actualizados, importante, hasta para nuestro disfrute también!!
    Siempre gracias por tus increíbles reflexiones !! 🥰

    ResponderBorrar
  4. Me encantooooooo!!!! Súper y fresca manera de leer la realidad de cómo nos vamos disminuyendo pero sin perder el glamour
    Graciasss
    Tqm

    ResponderBorrar
  5. Hola Mau. Como siempre, tocando temas sencillos en forma pero profundos en esencia. A medida que leía, tocaba con puntos álgidos en mi, señalándolos en mi mente. Ahora que estamos en la recta final de nuestras vidas (bueno esperando también que falten muchos más por recorrer), 🤭 es importante tomar conciencia sobre lo que hablas de dejarnos ayudar. Doy gracias a Dios por este proceso en el que estoy transitando para lograr esa serenidad, paz y armonía con la vida que estoy apenas aprendiendo a tener. Cuando hablas de la importancia de dejarse ayudar en general, es difícil para mi porque siempre he tenido que hacer todo sola. Sinembargo, también estoy aprendiendo lo importante de soltar la soberbia y aceptar con amor y agradecimiento que otros nos ayuden. Cada vez que lo hago, he ido comprobando que algo mágico sucede porque esas personas que nos ayudan lo hacen porque quieren y cuando es externo, solo con nuestra actitud positiva, la otra persona también lo recibe y lo hace de buena gana. Gracias Mau por regalarnos tus aleccionadores temas que los abordas con sencillez pero con mucho respeto y que nos invita a reflexionar!

    ResponderBorrar
  6. Me gustó mucho esta reflexión Mau, muy oportuna para los de nuestra generación.
    Gracias 🤩

    ResponderBorrar
  7. Mau jajajjaja no puedo con todo lo que escribes en el texto jajajjajaj justamente, en éstos momentos qué me acabo de operar una hernia, me doy cuenta que me he comportado como la auto suficiente, la que no le duele nada, la que solo ha pedido una o dos veces ayuda para pararse de la cama😅 será que quiero demostrar que no necesito a nadie??? Aprendí a levantarme de la cama a juro jajajja de verdad que soy una necia...ahora no puedo retroceder porque han pasado 8 días, perooo lección aprendida mi querida amiga, gracias, tu escrito me llegó en el mejor momento 🥰 yo siempre me río y digo que hay que llevar la vejez con dignidad, me encanta leerte💕

    ResponderBorrar
  8. Maucha, como siempre es un gusto leer tus artículos!!!!! Ahorita es que lo vi pues tenía problemas con el celular y ni cuenta me di que estaba guardado en archivados🤪 pero como dicen nunca es tarde para disfrutar las cosas buenas y más compartidas con cariño. Un abrazo bien apretado y repleto de cariño 💕💞🙏🙏🙏🙏

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

TEMBLÓ VENEZUELA Y CON ELLA, MILES DE CORAZONES

Caricatura de Rayma, tomada de su página de Instagram @raymacaricatura En este preciso instante, 6:04 p. m. han pasado exactamente, siete días del doble terremoto ocurrido en Venezuela, el miércoles 24 de junio de 2026...  Llevo días queriendo escribir, como una forma de compartir, de transmitir y también de exteriorizar... triste, dolida, conmovida, con la misma mezcla de emociones y sentimientos difíciles de procesar, que nos está tocando experimentar a millones de venezolanos, dentro y fuera del país. No narraré novedades. Aquí hallarán tal vez, lo mismo que todos han visto y leído, en los últimos 7 días, pero escrito desde mi corazón, desde mis ojos... cómo lo percibo, cómo lo siento, cómo lo sé expresar… Yo estoy bien. Mi familia está bien, con daños importantes en sus viviendas, pero están bien. Mis vecinos están bien. Mi entorno más cercano está bien. Pero miles de venezolanos están mal. Mi país está mal, agrietado, fracturado, dolido, sufriente, sangrante, viviendo una tr...

LA FOTO

Maravillosa tarde de jueves... Hace algunos días mi sobrina Ana Andrea, publicó esta foto en Facebook, que yo no recordaba y me conmovió tanto verla que me apoderé de ella y la republiqué en Instagram, con una breve nota cariñosa, tal como la sentí. Desde entonces, no me canso de verla, la veo una y otra vez, la amo. Una amiga me comentó: “esa es una foto para escribir una historia de amor”. Y a esta humilde enamorada de las letras, a la que muy poco le cuesta ilusionarse con pequeñas luces para armar frases y plasmarlas sobre un papel; ante semejante propuesta, en la que, el protagonista sería, nada más y nada menos que, una de sus personas favoritas del “mundo mundial”, ipso facto sucumbió ante ella. Entregándome pues al teclado, intenté darle vida en palabras, a la imagen en cuestión, la que, de no ser por la nitidez de la cruz roja, podría asegurar que estaba impresa en sepia, ese tono marrón cálido, amarillento de las fotos antiguas, cuando aún no existía la idea de color en...

UN LIBRO CON ALMA

  ¡FELIZ Y BENDECIDO IV DOMINGO DE CUARESMA! Mientras más escribo, más me gusta escribir. He leído cualquier cantidad de posts en Instagram y de artículos en internet, que hablan de la importancia del orden y la constancia en el oficio de escribir, de que se deben tener horarios y lugares fijos para ello; comentan mucho sobre la falta de inspiración, o sobre la musa que no llega, y por supuesto, sobre el famoso síndrome de la página en blanco o bloqueo creativo. Mucha teoría que puede ser verdad, no lo pongo en duda, pero la práctica, para cada quien, puede ser otra cosa, totalmente diferente. La verdad es que nunca me he planteado tener un horario fijo ni me he dedicado a reflexionar sobre qué escribiré ahora. Yo, simplemente, pienso en algo y me siento, siempre en el mismo lugar, por comodidad y porque amo el pequeño espacio que tengo por estudio. Más por hábito y placer que por disciplina, lo reconozco. Ahí me siento a escribir y no me paro hasta que las palabras dejan de ...