¡Feliz y bendecido martes!
Raro día para publicar, pero no podía dejarlo para el fin de semana. Calientico es mejor, y así está, saliendo del horno... Tal como lo siento...
Quienes
conocen mi pluma, saben que el eje central de mis escritos no suele ser en
negativo ni mucho menos a modo de crítica. Por el contrario, no solo
parafraseando a Ana Frank, sino viviendo su frase en la medida de lo posible:
"No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda"; donde el
enfoque es simplemente, no permitir que lo malo empañe lo bueno, sino que lo
bueno brille lo suficiente como para opacar lo malo. Siempre hay más belleza
que apreciar que miseria que despreciar. Aunque vea poca belleza, intento darle prioridad.
Lamentablemente,
cuando se carece del sentido de la propia privacidad y no se respeta la del
otro, parece ser la miseria, la que intentara opacar la belleza. En torno
al malestar que esto me causa, va dirigido mi artículo de hoy.
Más
que una crítica constructiva, que también lo es, estas líneas son una
humilde invitación a la reflexión de jóvenes, adultos y por último, aunque no
menos importante, a los de edad madura, tercera edad, juventud prolongada, o
como tengan a bien llamarle, a muchos de mis contemporáneos, quienes a pesar de
haber crecido en su gran mayoría, con valores arraigados en lo que la
privacidad y respeto se refiere, da la impresión de que, producto de una
adaptación cómoda y poco racional a la modernidad y a los pasos
agigantados de la tecnología, han optado por invertir esos valores o hacer caso
omiso de ellos.
Ustedes
se preguntarán: ¿Y esta de qué va? O ¿adónde quiere llegar?
Pues
muy simple. Se trata de una inquietud que quiero compartir y deseo sirva de
reflexión… y es la cantidad enorme de personas que oye videos, lives y
películas en los teléfonos móviles, en lugares públicos, sin utilizar
audífonos, y al parecer, sin que les importe en lo más mínimo, si están
incomodando o perturbando al que tienen al lado, detrás o delante. Esto lo veo
cada vez más en aeropuertos, en aviones, en salas de espera de clínicas, y hasta
en la iglesia antes de comenzar la misa. Percibo en ello un irrespeto tal, que
no sé cómo describirlo. No solo no tiene porqué interesarle al otro lo que yo
estoy escuchando en mi teléfono, es que puede molestarle y está en todo su
derecho de sentirse molesto. Es como obligarlo a soportar tu escándalo, porque
cuando cuento esto, hablo de volúmenes altísimos, escandalosos, como para que
una sala enorme, repleta de gente diversa y desconocida entre sí, escuche todo.
Prometo que no es intolerancia, es preocupación por la indiferencia y la falta
de respeto. Mis derechos llegan hasta donde empiezan los de los demás. ¿O
no?
Pero
más que eso, me impresiona lo de las conversaciones telefónicas, las notas de
voz que envían y las que reciben y oyen con altavoz. De verdad, no tengo ni el menor
interés en escucharlo, ni en enterarme de lo que hacen con sus vidas, pero peor
aún me parece que, a esas personas no les importe que todos los extraños
alrededor de ellos, se enteren de sus temas familiares, negocios e intimidades.
Sé que muchos pensarán que estoy magnificando o hasta satanizando actitudes y
comportamientos que se han normalizado de tal forma que, se han convertido en
costumbres, en hábitos. Pero no, no estoy exagerando nada. Les pido que hagan
el ejercicio en una sala de espera, cualquiera que sea, clínica, aeropuerto, en
otro tipo de servicios y hasta en aviones y trenes, de observar y escuchar el
entorno, durante un rato… Y en pocos minutos, podrán percibir como el sentido
del respeto por el otro, dejó de ser valioso, importante y muy lejos de considerarse
una prioridad.
¿Qué
decir de las video llamadas? Las conversaciones familiares, de trabajo, de
negocios, que mantienen algunas personas en lugares públicos, donde todos
escuchan lo que debería ser privado, y que todas las personas desconocidas que
están en la sala se enteren de donde vive el que está a millones de kilómetros
de distancia, vean su casa, conozcan a los hijos o a los nietos del que habla,
en fin, que entren en algo tan sagrado como es la intimidad, haciendo caso
omiso del concepto de privacidad, reconozco que me supera.
Pero
esto no termina aquí… hay muchos, muchísimos escenarios más, donde podemos
apreciar o despreciar, el irrespeto a la privacidad…
Recientemente,
en una clínica privada de Caracas, justamente en una sala de espera donde me
percaté de mucho de lo que les he contado, también tuve la desdicha, por darle
algún nombre desagradable, de escuchar a una recepcionista que, sentada frente
al grupo de pacientes a la espera de ser atendidos por médicos de diversas
especialidades, debía confirmar telefónicamente con otros pacientes, sus próximas
citas. Su proceder, consistía en llamarlos y lo hacía con el altavoz, mencionando
el nombre del paciente, el nombre del médico, la especialidad y como si fuera
poco, les daba instrucciones de lo que deben y no deben hacer previo a la
consulta. Toda esta información, más las respuestas del paciente que se
encontraba del otro lado de la línea, la escuchaban alto y claro, las 30
personas aproximadamente, que estaban en la sala. Seguramente habría entre
ellas, algunas a las que les desagrade escuchar todo esto, lo que lo convierte
en innecesario. También podría haber otras, que les divirtiera parar la oreja y
enterarse de un chisme sobre alguien que conocen o no. Pueden pasar cosas como… “Imagínate…
Fulanita tiene cita tal día con el doctor Sutano, que es especialista en tal
cosa ¿qué será lo que tiene? Eso, por
poner un ejemplo inocentón, porque una persona mal intencionada, que disfrute
haciendo daño con un chisme, está recibiendo en bandeja de plata, una buena
comidita, ¿o no? Yo me pregunto
entonces: ¿para cumplir con tu trabajo, es necesario ventilar la vida de los
pacientes frente a un montón de extraños? Más que innecesario, lo considero inapropiado,
imprudente, inoportuno e irrespetuoso.
Siento
que hace mucha falta, sino es posible una buena formación, al menos compartir
pinceladas de “sentido común” (el menos común de todos los sentidos) y de
inteligencia emocional, tan necesaria como carente, con equipos de trabajo cuya
función sea atención al público, especialmente en centros de salud.
Creo
que cuando se trata de trabajo, se podría perfectamente, dejar a un lado lo
cultural, lo folklórico (Venezuela es un vivo ejemplo de ello), otorgando al
respeto, el valor que ha de tener. En primer lugar, sobre el trato coloquial
que muchas veces raya en excesos de confianza y deriva en irrespeto. En segundo
lugar, en la descortesía y/o falta de empatía. Considero tan incorrecto decirle
a un paciente de edad avanzada con el que no existe ninguna confianza: “¿cómo
está ese pavo bello? mi vida, mi amor, mi rey”; como decirle: “se sienta
tranquilito y espera que lo llamen” o “tiene que tener paciencia”.
El
que trabaja con atención al público debe ser, ante todo, cortés, no confianzudo.
El punto clave es pedir las cosas con amabilidad, teniendo siempre a flor de
labios, expresiones de elemental cortesía (palabritas mágicas) como: ese “buenos
días” que, a menudo suele brillar por su ausencia, “por favor”, “tenga la
bondad” “si es tan amable” “estamos para servirle” “siempre a su orden” “con
mucho gusto” “muchísimas gracias”. Es tan fácil ser amable… y al mismo tiempo,
vemos tan a menudo esas máscaras de superioridad (que el que la usa, jura que
no se nota lo que hay detrás), ordenando, mandando, diciendo las cosas con
rudeza, solo para tapar complejos de inferioridad.
El
que recibe el mal trato como cliente o paciente, debería ser empático,
porque no sabe lo que hay detrás de la máscara, puede haber dolor, tristeza,
frustración, amargura o un mal día, que nadie está exento de tenerlo. Si bien
es cierto que el que está siendo atendido no es responsable de los problemas
del que lo atiende, es de buena persona y de buen cristiano, ser tolerante y
tratar de entender al otro. No obstante, el punto a tratar en estas líneas y
del que no pretendo desviarme, es el permanente esfuerzo que debemos hacer por
respetar al otro, siempre. Créanme que, han visto y escuchado tanto, estos ojos y estos oídos en los últimos días, que daría para dos artículos más, pero no me voy a
extender y la intención no es criticar ni juzgar, sino invitar a la reflexión.
Deseo
de todo corazón que la tolerancia no derive en indolencia, que la modernidad no
caiga en irrespeto, pero que el respeto humano tampoco nos impida ser,
amablemente sinceros para decir la verdad sobre lo que no está bien.
"Lo
correcto es correcto, aunque nadie lo haga; lo incorrecto es incorrecto, aunque
todos lo hagan". San Agustín.
Me
haría muy feliz leer comentarios a favor o en contra de estas líneas. No me
harán cambiar de opinión, pero con seguridad, me ubicarán en el entorno.
!Feliz semana y hasta la próxima!
Maucha.
@mabrelatos/ @soymariaealvarezb/ Https://648a4cbc3276b.site123.me/

Mi Mau bella, ¡excelente reflexión! Ojalá muchos puedan leer este estupendo escrito y pensar en ello para respetar, tanto la privacidad de otros, como el sentir de los que nos rodean y con los que tratamos. Te felicito por poner tu granito de arena para tratar de mejorar el entorno. Recibe mi cariño y admiración. Irene F.
ResponderBorrarMi querida amiga, totalmente de acuerdo con usted, lamentablemente el nivel cultural del venezolano ha bajado mucho en los últimos tiempos, y esta actitud es una expresión de lo que usted afirma en su artículo. Confiamos en Dios en que esto pueda controlarse, mejorarse y superarse. La mejor de mis bendiciones.
ResponderBorrarMau querida!! Excelente tu escrito, lleno de la educación y la decencia que te caracteriza! Es una reflexión que debería llegar a tanta gente que necesita esta lección, unos para mejorar, otros para cambiar de actitud y otros más para dejar de ser indiferentes a conductas inadecuadas.
ResponderBorrarTe felicito!!
Y.
Feliz día, me encantó, ojalá muchísimas personas leyeran tu artículo, xq tienes muchísima razón en todo, pensé que era yo nada mas.
ResponderBorrarMi querida Mau. Me identifiqué con tu apreciada y honesta reflexión, por que dasafortunadamente lo estamos viviendo en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Es algo totalmente sorprendente.Qué está sucediendo en los seres humanos, qué pasó ???
ResponderBorrarDe acuerdo con UD,👍👍👍
ResponderBorrarTienes toda la razón. He vivido ese caso muchas veces y pienso lo mismo q tú. Es tan fácil guardar la compostura, ser discreto y educado, pensando no solo en ti sino en el entorno y las personas a tu alrededor .
ResponderBorrarMe encantaron tus reflexiones.
Tú her!!!
Totalmente de acuerdo. Por principio detesto las conversaciones en alta voz, de verdad no me interesa enterarme de la vida de nadie. No me gusta el exceso de confianza, ni
ResponderBorrarEl falso cariño, pero tristemente esto que describes es una realidad, y no sólo en Caracas.....
Pero ahora vivimos en la sociedad líquida, donde todo es diferente a lo que nos enseñaron y afortunadamente, lo aprendimos y practicamos. Gracias por tu reflexión.
Mariela Brunicardi
Totalmente de acuerdo!! Increíble, cómo se han perdido el respeto y las buenas maneras!!
ResponderBorrarMi querida sra. Mau, en este mundo de Dios de tanta diversidad controversial e irreverente, el mundo ha deformado o está invirtiendo lo bien aprendido a cuenta de que todo el mundo lo hace, y porque yo no hacerlo... Y lo típico los venezolanos somos así, así cómo, mal educados y abusivos? Esa es una triste realidad pero como educadores continuar intentando hacer lo mejor posible nuestra tarea, mejorar al ser humano que formamos! Siempre en mi corazón ☺️
ResponderBorrarQuerida Maucha.
ResponderBorrarUn buen texto que nos hace reflexionar.
Un gran abrazo para ti
Hola María Eugenia, que manera de plasmar una realidad que golpea. Gracias por compartirlo. Un abrazo !
ResponderBorrar¡Excelente artículo, Maucha! Tenía que decirse y lo has dicho tú de manera cortes y equilibrada. "Lo cortés no quita lo valiente" y lo has hecho con valentía. Einstein comentó en una ocasión, simplificando un poco, que los malos cometen sus desmanes porque los buenos hacen muy poco por evitarlo y tú has hecho algo con tu escrito ¡Te felicito! De manera cortés pero firme debemos poner límites claros.
ResponderBorrarMaucha ! Estoy completamente de acuerdo contigo ! Yo sufro mucho ese irrespeto por el otro, la indiferencia, que no le pase por la mente a una persona que pueda disturbar al prójimo, además que impresiona también , cómo dices tu, que al otro no le importe nada de su propia intimidad .
ResponderBorrarNi hablar en las salas de espera de un centro médico, en donde es aún más grave no respetar la privacidad del paciente, justamente porque se trata de datos sensibles y delicados!!!
Confieso que más de una vez, he llamado la atención a la persona que conversa en alta voz, poquísimos piden disculpas , algunos se sorprenden porque no se dan cuenta? , extrañados y bajan un poquito la voz, muchos otros se molestan!!!
Creo que es verdad que la mayoría de las personas se está acostumbrando al irrespeto, nadie se lamenta, no he visto a nadie lamentarse a parte yo, porque no me resigno a la mala educación y porque creo que tengo casi la responsabilidad de hacer notar la falta .
Hay mucha mala educación, no hay frenos inhibitorios y también puede ser que la gente se ha acostumbrado al ruido de fondo, y aquí me alargo más que tú: no soporto tampoco la “música ”de fondo que hay por doquier: tiendas, restaurantes, salas de espera, hasta en los parques ! etc. etc. la mayoría de las veces a volumen altísimo que para mi es un tormento, para conversar con el que tienes enfrente tienes tu que alzar la voz a tu vez, y para mi que me gusta tanto leer cuando estoy en una sala de espera y escuchar los pajaritos cuando estoy en un parque y que necesito del silencio cuando quiero pensar, es un verdadero tormento.
La gente está tan aturdida y concentrada en sus celulares que ni se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor, no piensa, no reflexiona, se ha vuelto egoísta e indiferente.
Bueno, aquí me detengo,cómo vez me tocaste un punto “doliente”, je je y por supuesto que estoy súper de acuerdo contigo y me “ alegra”saber que no soy la única a no soportar tanta arbitrariedad.
Gracias por compartir.
Mau querida! Has sido vocera de lo que muchísimas de nosotras sentimos.
ResponderBorrarSirva esta reflexión para hacer la diferencia. TQM
María Eugenia !! Excelente tu escrito y es tanta verdad, que deberíamos de alguna manera hacer una campaña para concientizar a las personas 👍❤️❤️excelente
ResponderBorrarExcelente relato Mau.
ResponderBorrarTotalmente de acuerdo contigo.
Sobre todo me ha pasado en los automercados y es totalmente una falta de respeto.
Gracias por compartir !❤️❤️
Hola Mau
ResponderBorrarQue buena tu reflexión e invitación a que todos tomemos l el tiempo de observar el entorno entenderlo y disfrutarlo sin olvidar el respeto y dar servicio a otros …es necesario caminar en ese sentido de reconocer entender aceptar y dar lo mejor de uno mismo siempre.
Gracias por compartirlo
Un abrazo
_Que la tolerancia no se convierta en indiferencia, y que la modernidad no justifique el irrespeto._
ResponderBorrarEsto está muy bueno. Es una buena reflexión y mejor llamado.
En otro contexto, en la playa, nos pasó con el tema de la música. Ya ahí el orden es que la invasión de espacios es lo normal.
Supremamente ciertas tus reflexiones en: Privacidad y respeto.
ResponderBorrarNo hay duda de que los valores son otros y perdieron el sentido para llamarlos así. Ni se diga de la insolencia en el comportamiento de los mayores de edad, a quienes ese título les queda pequeño, porque cuando hablamos de adultos mayores de inmediato los identificamos con la sensatez. Ahora se ha volteado la tortilla, siendo la desfachatez el ingrediente del plato del día.
Gracias por cada recordatorio, situaciones que vivimos a diario y que se repiten en distintos escenarios. Larga lista para narrar.
Los abrazo y llevo en este ❤️.
Yo leí esto, recién salido del horno y lo reenvié a muchas personas. Pero me ha pasado que desde que lo leí, percibo más y más, la cantidad de gente que ve videos, escuchan notas de voz a todo volumen y quiero decirles que lean esto. Me volví más sensible...y sólo respiro jajajaja. Demasiado bueno este blog. Te quiero mi Maucha. Eres un regalo!!! Soy Blanquis
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