!FELIZ TARDE CARAQUEÑA LLUVIOSA!
Me maravilla la capacidad de crear, de dar
vida a términos, a palabras, que reflejan acciones, comportamientos o
situaciones; así como su inclusión en la Real Academia de la Lengua, a través
de frecuentes actualizaciones. Hoy quiero referirme al término “edadismo”, que fue
acuñado en 1968 por el estadounidense Robert Butler, gerontólogo y psiquiatra especializado en el envejecimiento de
las personas.
La RAE, incluyó la palabra
"edadismo" en la actualización 23.6 de su diccionario de la lengua española (DLE), publicada el 20 de diciembre de 2022. Su significado es:
«discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores o
ancianas». Se dan casos de edadismo hacia niños y jóvenes, aunque tiene lugar principalmente hacia las personas mayores.
Si bien es cierto que en mi artículo anterior hago un
llamado a la reflexión a personas de edad avanzada, que criadas en valores
arraigados de privacidad y respeto, parecen hacer caso omiso de ellos, con el
uso inoportuno de los celulares; también menciono al final, el trato inapropiado
hacia los mayores, de parte de personal que atiende público. En esa línea va mi escrito de hoy.
Se
habla de tres tipos principales de edadismo: institucional, interpersonal
y autoinfligido. El edadismo institucional se manifiesta en leyes, políticas y prácticas
que discriminan por edad; el interpersonal ocurre en interacciones entre
personas, como estereotipos y prejuicios en el trato cotidiano; y el
autoinfligido es cuando una persona internaliza estos estereotipos y perjudica
su propio envejecimiento o sus propias capacidades. A este último, tan humano,
natural y relacionado con la autoestima, no me referiré hoy.
En cualquiera de los
casos, hasta hace algunos años, en muchas culturas, y creo
que aún en las orientales, la vejez, la ancianidad, los años acumulados, las
canas y las arrugas, representaban sabiduría, respeto, gratitud y en la gran
mayoría de los casos, admiración. Por lo que, en materia institucional, para
una empresa, contar con una persona con años de experiencia laboral, era un
plus. Ahora, no hace falta haber perdido facultades físicas o mentales… solo el
hecho de tener más de 50 años, es muy común, que convierta a la persona en
obsoleta y desactualizada; y los superiores se sienten en plena libertad y con
la autoridad para desestimar opiniones o aportes, haciendo a un lado conocimientos y sabiduría.
Llegado
el momento de comenzar a debilitarse las destrezas físicas de una persona mayor,
esto implicaba cuidado, atención, consideración especial, pero nunca desprecio;
de hecho, la sabiduría de esos años acumulados y el respeto hacia ellos,
seguían siendo pilares en el trato, por encima de cualquier debilidad. Aun
cuando las facultades mentales comenzaran a fallar, el respeto prevalecía a tal
punto, que lo más importante no se trataba de quien es hoy, sino de quien
fue ayer, de quien ha sido a lo largo de su vida, de lo que ha representado y del legado que deja.
Si nos vamos a las relaciones interpersonales, es preocupante ver como
en la actualidad, no solo se ha perdido el interés de algunos hijos y nietos
por atender a sus padres y abuelos, si no que parece haber desaparecido el respeto, la consideración y ni hablar de la admiración. Ahora no es
importante lo que representa, lo que fue, sino la incomodidad que causa, aun cuando
esté en perfectas condiciones físicas y mentales. Sé que estoy generalizando, pero ocurre y va a en ascenso.
Un ejemplo simple es la impaciencia de los jóvenes ante el requerimiento
de ayuda de una persona mayor, para entender algo tecnológico, lo que sea,
celular, computadora, inteligencia artificial. Es obvio que,
olvidan por completo, quien les enseñó a dar los primeros pasos, a sostener la
cuchara y a llevarla a la boca; y esto, por decir lo mínimo de lo que esa
persona pudo haber aportado a su vida. Razones para poner en práctica una
virtud humana y cristiana supremamente valiosa, como es la gratitud, pilar de las lecturas de la misa dominical de
hoy.
Más allá de la relación interpersonal “moderna” entre padres e hijos,
nietos y abuelos que, en muchos casos, los responsables de ciertos irrespetos son
los propios mayores, por no poner límites, por aceptar lo inaceptable, por
negociar lo que no se negocia…. hoy quiero referirme a la forma del trato, “supuestamente” amable a personas mayores por parte de ciertos y determinados empleados
de establecimientos en general.
Le he dado vueltas para expresarlo con un término adecuado y llegué a la
lástima. La Real Academia la define como «sentimiento de enternecimiento y
compasión por el mal ajeno, una cosa que provoca disgusto o pena, y también se
usa como interjección para expresar pesar».
Yo, siempre tan rebelde con la Real Academia, pero con todo respeto, me
quedo solo con las dos últimas frases: «una cosa que provoca disgusto o pena; interjección
para expresar pesar». De hecho, yo las utilizo mucho en ambos casos, cuando me
da tristeza algo que ocurrió, que no se dio, que no será. No obstante, desde
mi óptica: «sentimiento de enternecimiento y compasión por el mal ajeno» es
compasión, no lástima.
Para mí, sentir lástima “por alguien”, es algo que, sin duda, dignidad
no implica. No sabría explicarlo con frases, pero con los sinónimos, creo que
le llego… Es subestimar, menospreciar, infravalorar, desestimar, minimizar, despreciar... son sentimientos que no deberíamos tener por ningún otro ser humano.
Compasión, según la RAE, «es el sentimiento de pena, ternura o
lástima ante el sufrimiento de alguien. Implica una conexión emocional con
el mal o la desgracia ajena y puede asociarse con la conmiseración, la piedad o
la misericordia». Para mí, es perfecto, sacando la lástima de la
definición.
Encuentro la compasión como una de las más grandes virtudes de un ser
humano, un sentimiento magnánimo. Desde mi óptica hace un excelente clic con la
ternura y la empatía, pero nunca con la lástima.
¿Y de qué va tanta cháchara sobre la lástima?
Que en mi opinión, ser mayor no implica recordárselo a las personas, llamándole “abuelo”,
“viejo”, ni tampoco pretender hacerle creer que es o se ve más joven,
diciéndole “mi pavo bello”. Es importante recordar que se trata de personas con
años, no de débiles mentales. Cada quien sabe lo que es y conoce sus limitaciones. Se trata de hacer
sentir bien a los demás, sin necesidad de hacerse el gracioso diciendo mentiras inútiles.
El deseo de mostrar afecto, no implica caer en una confianza no
otorgada. La amabilidad y la cortesía deben ser siempre primero. La confianza
es para quien la tiene por consanguinidad, por cercanía, porque se la ha ganado,
no es para extraños que se la quieren dar de simpáticos. Ni hablar de la ayuda
física, con la que es tan fácil ser sutil, y en cambio, se suele abordar, con muy poca delicadeza.
Recuerdo que mi papá nunca quiso utilizar bastón cuando ya lo necesitaba
y respetábamos su decisión. Mi hermana y yo, le extendíamos el brazo
disimuladamente y él se apoyaba… no representaba ningún trauma para él ni un
esfuerzo para nosotras. No mostrábamos
lástima, porque no la sentíamos… y él lo percibía como cariño, como lo que era. El mismo ejercicio sigo
haciendo con gente querida o desconocida, con menos fuerza o más años que yo.
Cariño sincero con delicadeza, ¡jamás con lástima!… ¿Qué sentido tendría hacer
sentir mal a otro por limitaciones que, en breve tendré yo? Lo mismo debían
pensar los jóvenes. Porque para ellos no será tan “en breve”, pero será.
Los venezolanos solemos utilizar con frecuencia los diminutivos... es un tema cultural. Yo los empleo a menudo, especialmente cuando escribo, y lo hago,
sin darme cuenta, para darle un toque cariñoso; pero al revisar los textos,
termino eliminándolos casi todos, porque siento que he caído en excesos y puede
restarle valor o peso a lo que estoy intentando transmitir.
Ahora bien, yo me pregunto ¿por qué con las personas mayores el trato de
personal que da atención al público, suele ser con todo en diminutivo? Deme
la manito, va a colocar el piecito, se le va a poner la gota en el ojito, estire
el bracito, espere sentadita. Recuerdo
tanto a mi mamá, que no lo soportaba. Yo me reía y pensaba que era prepotencia
de su parte. Pues ahora me está pasando exactamente lo mismo, la humildad se me
rompe en mil pedazos, cada vez que me tratan o escucho que tratan a otra
persona con esa retahíla de “chiquiticos”. Sé perfectamente que debemos
trabajar la humildad, no lo he dejado a un lado, pero en el interín, podemos cultivar
las formas, porque una cosa no quita la otra. Para mí, este trato resta
dignidad, porque ser mayor no implica disminuir en palabras cada parte
del cuerpo o cada acción a tomar. Pasa
en clínicas, en organismos públicos y privados, en tiendas y en supermercados.
Por último, me referiré a la mala costumbre de dar órdenes, como si
fuera el maestro que se dirige al alumno, estés o no, pagando por un servicio.
El que paga parece tener más derecho, porque no es un favor que se le está
haciendo; más el que no está pagando, merece el mismo trato y respeto. Sería tan sencillo, digo yo, mirar a los ojos
al que te habla, responder los buenos días, con el deseo sincero de que lo
sean, “sin rabia”, con una sonrisa y cambiando el siéntese, espere
sentada, espere su turno y tenga paciencia, por: si es tan
amable, puede tomar asiento y le llamaremos en unos minutos.
Tanta inteligencia emocional, tanto coaching, tanta programación neurolingüística y de trato amable y cortés, nanai nanai. Me pregunto entonces: ¿por qué se le resta importancia a formar mejor al personal que va a atender al público?, sea este de cualquier tipo, edad, sexo y religión, pero PERSONAS, SERES HUMANOS, con dignidad y voluntad, no piedras, plantas, cosas, ni animales, sino PERSONAS. Y sé que me quedo corta, porque no he mencionado el real maltrato, que no deja de existir.
Hoy, Venezuela cuenta con una mujer en clandestinidad hace más de un
año, inhabilitada políticamente durante años, con 57 años de edad, llamada la
dama de hierro, la libertadora, reconocida mundialmente como líder, por su
lucha incansable en pro de la democracia y en contra del narcotráfico en
Venezuela, y ahora premio nobel de la paz. El mundo católico cuenta con un
pontífice de 70 años (los hemos tenido mucho mayores) norteamericano, peruano, declarado,
abiertamente sobre la protección de los derechos de los migrantes en Estados Unidos. Un premio y un cargo poco predecibles, dadas las condiciones de cada uno, pero se dieron, y cuanta
sabiduría en ambos personajes y cuánto valora el mundo sus opiniones. Para cerrar mi reflexión, me hago una última pregunta: ¿cómo puede entonces una empresa, subestimar o querer reemplazar a
un profesional bien formado, con vasta experiencia en su área, que ha dado lo
mejor de sí, porque tiene 70, 60 y hasta 50 años? Muchas veces quedan como asesores,
pero muchas otras van fuera, sin haber cumplido los 50, porque son viejos, aunque estén en pleno uso de sus facultades mentales.
Estas cosas me interpelan, me hacen pensar sobre qué hacer para contribuir con el sentido del respeto y la justa valoración de la dignidad del ser humano. ¿Será que exagero en mis apreciaciones? La verdad es que disfruto mis propias reflexiones y por eso las comparto, pero me encanta leer opiniones que las refuercen o las tambaleen, no importa, todas son valiosas y aprendo de cada una ¡LOS LEO!
Si te gustó, me encantaría que lo compartieras con quien creas puede disfrutarlo o necesitarlo.
Que conste que, no he dejado de ver la belleza que aún queda, solo intento rescatarla, con los medios que tengo a mi alcance.
¡Feliz semana!
Maucha.
@soymariaealvarezb/ @mabrelatos/ https://648a4cbc3276b.site123.me/

Me encantó tu artículo de hoy, lo he vivido de cerca contigo. Empezando por nuestro papá y nuestra mamá.
ResponderBorrarAhora q llegué a su edad, los comprendo realmente y a veces pienso q soy intolerante pero veo q tenían razón porque pienso igual q ellos.
Sigue escribiendo porque aunque no puedas cambiar el mundo…algo queda.
Tuher
ResponderBorrarMi querida Maucha, como siempre leí tu artículo con detenimiento y admiración.
Y mientras más me adentraba en la lectura, más me identificaba y justificaba con las ideas que allí plasmas!! Y siempre me digo: “Esto lo tiene que leer el mundo entero”!!!!! Porque el mundo entero está sufriendo de este mal! El de maltrato indirecto o escondido hacia las personas mayores, son los sabios!! Los que tienen la experiencia y la fortaleza del saber!!!
Los millonarios de ideas!!
Para que lo guardes como otro ejemplo, te digo que las redes solicítales hay una propaganda de “Como limpiar el celular” y dicen algo como “no lo hagas como lo hacen las personas mayores…” etc, una franca burla y desprecio!!!
Te felicito de nuevo por tu maravilloso escrito!!!!
Yy.
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ResponderBorrarComo siempre un escrito que viene al dedo, porque definitivamente el trato con la persona mayor debe ser central en la formación . Desde el hogar es importante y en el caso de aquellos que no han tenido la dicha de haber sido educado en principios y valores, antes de ofrecer un puesto de trato con público la delicadeza , paciencia y respeto en el trato con cualquier cliente debe ser impecable.
ResponderBorrarMuy bien dicho Maucha, felicitaciones 👏
Mi querida y apreciada Maucha . Realmente el escrito de hoy esta maravilloso . Lo que expresas es totalmente cierto no hay respeto , valor ni consideración con las personas adultas . Nos quieren ver como material de desecho. Demasiado triste todo lo que se esta viviendo . Hay mucho que enseñar a estas nuevas generaciones. Un abrazo
ResponderBorrarBuongiorno querida amiga,
ResponderBorraracabo de leer tu reflexión sobre el edadismo y también esta vez estoy de acuerdo contigo y también esta vez soy más dramática que tú (😂)porque he visto/ asistido a escenas de trato hacia ancianos, en hospitales, realmente graves: los tratan como si estuvieran viviendo de más, cómo si no valiera la pena curarlos ! Me refiero siempre a clínicas, hospitales,etc porque es el lugar en donde somos más frágiles, en donde más necesitamos apoyo respeto , serenidad y comprensión, en cambio encontramos personas ,que teóricamente escogieron dedicarse al cuidado de seres humanos, tratar a los viejos como “muertos que caminan ” sin la más mínima sensibilidad y paciencia.
Gracias por tus escritos, porque contribuyen justamente a eso: a sensibilizar, a poner el focus sobre situaciones que se consideran “normales"
Saluti e alla prossima 😘
Lindo recordar que en la acumulación de años, experiencias y recuerdos esta la mayor demostración de lo que se ha vivido, en el ser de cada persona, ahí nuestro mayor legado... Triste aquellos que se van joven y no pudieron experimentar lo maravilloso de la vida en el recorrer de los años. Nada nos quitara nunca el tiempo transcurrido y cada quien debe darse el mayor de los lugares. Gracias mi querida sra. Mau ha!
ResponderBorrarExcelente Mau, un tema muy actual, me hiciste recordar unos mensajes que transmitía un canal de España contra el edadismo , hay empresas que despiden a los empleados cuando llegan a los 55, cuando a mi criterio la edad no determina el potencial de las capacidades ,muchas personas han logrado el éxito después de los 60 años.
ResponderBorrarComparto tu punto de vista y la forma como has narrado esta reflexión muy interesante y divinamente expresada, me encantó, te felicito y admiro tu forma de escribir ,gracias por compartir tus relatos.
Un fuerte abrazo mi querida Maucha!!!
Mi querida Maucha, qué gran aporte cada una de tus reflexiones, ojalá sean leídas por muchísima gente para se tome conciencia, se mejore y a la vez mejore nuestro entorno y bienestar. Me hiciste recordar tanto a tu papi y mami, a quienes admiré y quise tanto ❤️
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