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| Caricatura de Rayma, tomada de su página de Instagram @raymacaricatura |
No narraré novedades. Aquí hallarán tal vez, lo mismo que todos han visto y leído, en los últimos 7 días, pero escrito desde mi corazón, desde mis ojos... cómo lo percibo, cómo lo siento, cómo lo sé expresar…
Yo estoy bien. Mi familia está bien, con daños
importantes en sus viviendas, pero están bien. Mis vecinos están bien. Mi entorno más cercano está bien. Pero
miles de venezolanos están mal. Mi país está mal, agrietado, fracturado,
dolido, sufriente, sangrante, viviendo una tragedia a la que se suman
injusticias de larga data, que no dejan de repetirse, ni siquiera en medio de
los recientes y violentos embates de la naturaleza… De hecho, creo que se han
exacerbado, haciendo caso omiso del dolor, poniendo en primer lugar, los intereses
personales de los mismos personajes que vienen cometiendo esas injusticias.
Según los reportes sísmicos publicados en estos
días, este terremoto es considerado como el movimiento sísmico de mayor
intensidad registrado instrumentalmente en Venezuela en el siglo XXI.
Venezuela, tierra de gracia, tembló fuerte y con
ella, se movieron miles de almas regadas por el mundo entero, venezolanos o no.
Tembló, sacudiendo un montón de corazones que, sin pensarlo, priorizaron el
dolor del otro, poniendo de manifiesto, una vez más, la humanidad empática y
compasiva que se siente con el hermano que sufre. Y me refiero a cualquier
venezolano o no, dentro y fuera del país que, en este momento, ayuda al que
vive en Venezuela, por haber sufrido a causa del sismo.
El dolor, la rabia y la impotencia pueden
nublar, cegar y hasta borrar el amor incondicional con el que fuimos creados
por Dios… Creo que es perfectamente, humano y natural.
Pero esa niebla, entre altibajos de emociones
feas y bonitas, dolorosas y alegres, nos conduce por el camino de la reflexión,
transformándola en amor puro y bueno, que es el motor que mueve al mundo… Y
casi sin darnos cuenta, el inmenso amor va nublando la rabia.
Y esos sentimientos malucos pero
naturales, a medida que se van nublando por el amor, nos van llevando hacia un esfuerzo
sobrehumano por NO preguntarnos ¿por qué pasan cosas como estas? ¿por qué yo?
¿por qué a mí? ¿por qué a él? ¿por qué a ella? ¿por qué a nosotros? ¿por qué a
Venezuela?
Y vamos aprendiendo en cambio, a preguntarnos
¿para qué? Pero sin obsesionarnos con encontrar una respuesta de manual, una
explicación perfecta, una razón exacta y precisa… Y por momentos, logramos
liberarnos del resentimiento, del rencor, del odio. Con la madurez de quien no
culpa al otro, al universo, a la suerte, a Dios… solo con una mirada pura,
limpia, que quiere encontrar en Dios, todas las respuestas… Y según la ternura
de esa mirada que busca a Dios… más que respuestas, hallaremos milagros…
pequeños, medianos y grandes…
En medio de una tragedia de tal magnitud como la que hemos vivido los venezolanos, el drama de la muerte tan cerca, cruda y palpable… y la terrible e inhumana falta de dignidad con la que están siendo tratados los cadáveres, que yacen en las calles, en filas interminables, algunos descubiertos y hasta desnudos… el olor que ya se percibe fuerte, el peligro inminente de una epidemia, unido a la absurda e incomprensible negativa y entorpecimiento de las autoridades a agilizar las labores de rescate, el dolor profundo de quienes han perdido familiares, de quienes no han encontrado a los suyos, de quienes no han podido llegar a tiempo para verlos antes de morir… Todo, me lleva a pensar y a repensar en la diversidad de sentimientos y emociones que alberga cada corazón… Diversidad que, solo Dios conoce con absoluta certeza, porque solo Él puede ver en el corazón de cada hombre. Aunque los actos, buenos o malos, dejen entrever, a vuelo de pájaro, lo que habita dentro de esos corazones.
En situaciones como esta, se ponen de
manifiesto, tanto lo mejor como lo peor del ser humano. Sin obviar lo segundo,
que es terrible, y causa heridas profundas y sangrantes en el alma de cualquier
persona, medianamente humana y sensible, generando una ira y una impotencia tan
feas como naturales… hoy, una vez más, me nace escribir, haciendo énfasis en lo
primero.
Y que conste… no pretendo hacer caso omiso de
la miseria humana y de la injusticia, solo intento resaltar con amarillo, la
belleza que aún queda y la que emerge de los escombros, otorgándole el sublime
y milagroso protagonismo que tiene y merece.
Después de oír y leer a medio mundo preguntar ¿dónde
está Dios? Y preguntármelo a mi misma, muchísimas veces… puedo afirmar que he
podido verlo. Lo veo, lo he visto, lo vi…
Lo veo en cada rescate, en cada testimonio, en
cada gesto solidario, en cada acción compasiva, en los gobernantes de
diferentes países que reaccionaron de inmediato a atender las necesidades de un
pueblo hermano que sufre, con insumos, con personal capacitado, lo veo en los
rescatistas voluntarios que exponen su vida para salvar otras.
Lo he visto en cadenas de farmacias, las veces
que he querido comprar para donar y he encontrado vacíos los estantes de
pañales e insumos de primeros auxilios, porque ya han sido adquiridos con la
misma intención…
Lo veo en quienes acudieron y lo siguen
haciendo, a las zonas más afectadas, para intentar extraer debajo de los escombros,
sin experiencia alguna en estos menesteres, sin guantes, sin tapabocas, sin
cuerdas, sin palas, sin bolsas negras, sin el material requerido, el mayor
número posible de personas vivas o muertas… Lo veo en la alegría cuando los
recatados están vivos y la tristeza cuando están muertos.
Lo vi en el rescate de Camila Sofía Medina, una adolescente de 15 años, que permanecía atrapada junto a su mascota entre los restos de un edificio colapsado. Dios estaba en esa sonrisa.


Lo vi en el señor que rescató fallecidos a su hijo y dos nietos… y continuó trabajando en las labores de rescate para intentar salvar otras vidas… Ahí, sin duda, lo vi.
Lo vi en Marlene, la señora de 69 años, que pidió una coca cola al ser rescatada.
Lo vi en Antonio y en muchos otros, rescatados
después de varios días bajo los escombros, cuando las probabilidades de vida
eran nulas.
También lo vi en la furia del rescatista con
los militares ante la injusticia de ver más fusiles que palas… y en la mujer
que se quejaba de quienes querían sacar carros, en vez de personas…
Lo vi en el hombre rescatado, con un parecido
sorprendente con Jesús, que detonó cientos de comentarios que revelan la fe del
venezolano.
Lo vi en Mateo, el niño de 7 años, que contó
que toda la estructura de concreto cayó sobre él y pensó que no sobreviviría.
En medio de la oscuridad, alcanzó a ver un pequeño espacio por donde entraba la
luz. Y según cuenta, apareció un hombre cuyo rostro no pudo distinguir. Asegura
que lo levantó, le colocó una venda en la pierna que tenía fracturada y luego
desapareció sin dejar rastro. Mateo cree que aquella persona pudo haber sido
Jesús. Nadie puede confirmarlo, pero su relato aparte de conmover de una manera
entrañable, y aumentar la fe de algunos… invita a pensar, a reflexionar, a
replantearse tanto, tanto…
Lo vi en el rescatista mexicano de 80 años, de
larga trayectoria en labores de rescate, al que exigían enaltecer,
públicamente, no sé qué cosa del gobierno venezolano. Y él, a su edad, con su
vasta experiencia de vida, muy molesto, manifestando a qué vino a este país, se
negó rotundamente a hacerlo, expresándolo alto y claro, como solo lo puede
hacer quien tiene la conciencia tranquila.
Yo, que no soy amante de los animales, vi a Dios en esos héroes sin capa, de cuatro patas con arnés, que mientras muchos huyen del peligro, ellos avanzan entre el polvo, los escombros y el silencio. Guiados por su instinto y entrenados con dedicación, esos perritos de rescate, trabajan sin descanso junto a sus guías para localizar a personas atrapadas y crear una oportunidad donde se ha perdido la esperanza. Cada ladrido puede significar una vida encontrada.
Lo veo en el humor venezolano, que se mantiene intacto… En las comiquitas que han creado con IA, referentes a muchos rescates… En los rescatistas que, sacando personas vivas en camillas, cantaban El burrito sabanero.
¿Dónde está Dios entonces?
Estuvo acompañando la partida de cada uno de
los que ya no están y recibiéndolos en su entrada a la patria definitiva (como
diría mi párroco). Ha estado acompañando a los familiares, a los heridos y a los que han permanecido bajo los escombros por horas y hasta días.
Está en cada persona que reza, que dona, que entrega, que sirve, que tiene un pequeño detalle de solidaridad. Está en la compasión, en la empatía, en la gratitud y hasta en la rabia inevitable por la injusticia, que lejos de paralizar, activa las manos y el corazón en cada gesto noble para ayudar al desvalido. Y es que, hasta la motivación puede cambiar, con cada buena acción.
Como dice nuestra Premio Nóbel de la paz…
estamos frente a una lucha del bien contra el mal, lo cual creo, firmemente. Y
así como veo a Dios y el bien que causa, en todas las buenas obras que esto
despierta en las personas; de igual forma, veo al maligno y todo el daño que
representa el comportamiento de seres diabólicos, a los que, parece correrle
veneno por las venas, en vez de sangre. No entiendo cómo pueden no sentir un
sano temor de Dios, ese que nos hace querer ser buenos, porque Dios lo merece y
porque queremos vivir un cachito de cielo en la tierra, que nos permita algún
día llegar al cielo.
Lo que me da paz, es creer, sinceramente, que
el BIEN vence al mal, aquí o en la eternidad… Y también creo o intento creer que, LOS BUENOS SOMOS MÁS.
Elevo mis oraciones al cielo, por el alma de
los fallecidos, por quienes perdieron a familiares o amigos, por los heridos,
por los que están vivos bajo los escombros, para que un milagro permita su
rescate a tiempo, y por quienes perdieron sus viviendas y negocios o quedaron
estructuralmente afectados. Rezo por todos y cada uno de los que han sufrido, de una u otra forma, a causa de este devastador fenómeno natural.
Agradezco infinitamente a cada uno de los
héroes anónimos que han arriesgado sus vidas para salvar otras y a cada persona
noble que ha aportado tiempo, dinero y oración a esta causa, que apenas
comienza a estar urgida de ayuda humanitaria. Sé que Papá Dios me encomendará muy pronto, alguna misión en la que Él sabe que puedo apoyar con sincero corazón y guiada por su ayuda y sabiduría.
Tembló la tierra en Venezuela y sacudió miles de corazones, brotando lo mejor de una parte importante de la humanidad. En medio
de tantísimo dolor, veo belleza y lo más importante: veo a Dios.
Somos frágiles y vulnerables. La vida nos puede cambiar de un momento a otro y mañana, puede ser tarde para amar, para agradecer, para dar, para perdonar, para hacer lo que tenemos que hacer. La vida es hoy.
Si te parece oportuno, comparte con quien creas puede valorarlo o necesitarlo...
Seguimos... 🙏💔
María Eugenia Álvarez Brunicardi (Maucha).
maucha58@gmail.com/ @mabrelatos
Https://648a4cbc3276b.site123.me/



Querida Mau me fascina el recuento que has hecho de la cantidad de gestos de nobleza , generosidad y valentía genuina de los venezolanos y de los ciudadanos de diversos países del mundo que se han solidarizado con Venezuela,demostrando así la grandeza de los seres humanos.
ResponderBorrarEs importante destacar estos hechos en momentos donde se ha hecho evidente lo ruin y mezquino del régimen que ha tratado de destruir y desmoralizar al venezolano durante 27 años.
Gracias por este oxigeno.
Hermosooooo relato mi querida prima….. los caminos del Señor son maravillosos, toda adversidad es positiva!!!! Dios está presente en la adversidad ❤️🔥😊 Mariela Cedeño 💕
ResponderBorrarPrecioso escrito! Rescata esa humanidad que vivimos y que ha sido la protagonista de esta tragedia. Dios en medio de todos y la solidaridad y el amor triunfan.
ResponderBorrarEs un relato impregnado de sentimiento, claramente se aprecia cada detalle observado de lo más profundo de un corazón lleno de gran nobleza. Se te bendice y lo leeré una y otra vez.
ResponderBorrarMaucha, que belleza de artículo. Que irónico en medio de este dolor encontrar belleza.
ResponderBorrarMi querida Maucha, no pudiste expresar a través de esas letras y con tanto detalle el sentir de tantos, cada vez que leía una línea me vi retratada en cada una, no pude dejar de llorar una vez más, pero esa última parte donde relatas la participación de Dios en cada una de sus manifestaciones me llenó aunque de más lágrimas el reconocer que nunca nos abandona, eso lo sé, pero a veces el dolor, la pena y las lágrimas nublan esa verdad amorosa que debe estar siempre presente, y que de alguna manera nos renueve la fortaleza de seguir adelante, demasiado hermoso ese artículo, gracias por enviármelo y gracias porque se le llegará al alma a quien lo lea, voy a pasarlo a mi familia y amigos
ResponderBorrarVenezuela saldrá adelante y nosotros tendremos la dicha de empujarla y participar para disfrutar de esta tierra de gracia🙏🏻🙏🏻🙏🏻
Maucha querida!! Como me ha conmovido tu relato… tengo los ojos llorosos 🥹! Siii Dios está en todo, en todos y en cada uno definitivamente! A pesar de la tragedia nuestra Tierra de Gracia se recuperará!!
ResponderBorrarHermosa, esperanzadora y vibrante reflexión. Multiplícala, porque es importante comunicar estas emociones fundamentales en la situación que estamos viviendo. Un abrazo. Bendiciones
ResponderBorrarCómo te podrás imaginar tenemos todas el corazón en Venezuela y desde aquí mandamos oración y nos movemos para que mucha gente canalice ayuda para el pueblo venezolano.
ResponderBorrarA Gis le preguntamos constantemente por vosotros y vuestros familiares.
Me ha ayudado como siempre leerte y desde tu mirada contemplar vuestra lucha, sufrimiento y heroísmo.
Gracias por compartirlo.
Estamos con vosotros!
Impactante leerte.
ResponderBorrarImpactante ver las imágenes de todas esas personas desde la distancia, no me imagino lo que debe ser estar allí mismo.
Me alegro que estéis bien dentro de todo y espero que vengan tiempos mejores para vuestro país 🙏🏻
Mi querida Mau gracias por dejar un mensaje de esperanza en estos momentos tan difíciles. Te quiero mucho 😘
ResponderBorrarGracias tía, lo acabo de leer. Entre tanta tristeza hay esperanza. Los buenos somos más. Gracias por compartir ✨
ResponderBorrarDemasiado hermoso y sentido tu relato Mau.
ResponderBorrarUn retrato de la realidad por la que estamos pasando.
Dios te siga bendiciendo tu talento para escribir.
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo bendigan siempre ese hermoso don de poder ordenar ideas y expresarlas tan fluidamente. En lo personal use este relato para ordenar, ideas y sentimientos que aún tengo movidos por los terremotos. Más se que no es como escuche hace dos días a un hermano en Cristo decir en su plegaria o no se como se dice que buscara os de Dios porque nos podía alcanzar su furia y podía hacernos sufrir como a los que estaban pasando por eso... Pues no creo en un Dios de venganza también creo mi querida Maucha "Que Dios es Amor" y también lo veo en todo y más!
ResponderBorrarQuerida Maucha, como siempre lo he hecho leo tu texto con gran atención y admiración.
ResponderBorrarAllí se puede identificar tu sensibilidad humana al mostrar las imágenes terribles que muestran la tragedia!! Y con tus análisis acertados.
Y como dices, temblaron también tantos corazones y simultáneamente estamos recibiendo bondad infinita de dentro y fuera de esta tierra de gracia!!!
Amiga! Claro que reenviaré este sentido texto que se apega a nuestra realidad triste y desolada!!
Gracias por compartir!
Yy.
Que bendición que puedas expresarte y guiarnos por esos sentimientos compartidos que me ayudan a ver que no estoy sola ni soy la única, egocéntricamente, que lo siente de esa manera y por ello te estoy agradecida.
ResponderBorrarMe conecté con lo que estoy sintiendo.
ResponderBorrarCuando uno siente cosas que no son fáciles de identificar y se conecta con una lectura que te toca la conciencia, es que uno puede aprovechar de identificar y exponer. Gracias 🤩 Mau
Maru, mar de lágrimas es poco… qué capacidad tan bonita de expresar lo que sientes… es definitivamente otro de los tantos dones que Papá Dios te ha regalado… te dejo esta…”ahogar el mal en abundancia de bien”. Bravo por tanta solidaridad palpable… Bravo por ser capaz de ver en esa belleza a Papá Dios… Te amo❤️
BorrarQuerida Maucha, Dios puso en mis manos este artículo, no existe mejor manera de expresar lo que sentimos miles de venezolanos.
ResponderBorrarYo me identifico con cada palabra. Necesitaba leerlo para saber que no estoy mal, que este enredo de sentimientos no esta mal y que, si esncierto que hay gente actuando mal... los buenos somos más. Como siempre, gracias por ser mi mano amiga.
¡Dios la bendiga siempre!
Excelente y sentido escrito ! Es una lectura del corazón de cada venezolano , con realidad , sencillez y profundo amor.
ResponderBorrarQue bonitas palabras Maucha. Sin duda que el alma de los buenos está con Dios y la visión optimista, llena de amor con la que expresas tus sentimientos son la narrativa que todos debemos adoptar.
ResponderBorrarMe recuerdas mucho a mi mamá, porque ambas tienen un corazón enorme y una manera especial de apreciar la vida y caminar de la mano de Dios.
Maru.... yo tengo el corazon como una pasita... tus palabras vibraron en mi... y sí... Dios está presente... y en esta lucha espiritual debemos orar y entregar cada sentimiento a quien todo lo puede.
ResponderBorrarGracias por compartir conmigo no solo tus palabras sino el sentir de tu Alma que habló a través de tus manos. Un abrazo inmenso. Dtb cada dia.
Mi Mauch, woaoooo ¡Cómo siempre! Logras plasmar de manera impecable y sin perdida alguna lo que uno puede estar sintiendo. Duele mucho el corazón, es verdad. Es un dolor que uno no sabe explicar con palabras, pero es verdad que también he visto a Dios en todo lo que expresas. Te quiero y admiro. Blanquis
ResponderBorrar!Qué hermoso este testimonio!
ResponderBorrarQué belleza cómo tu fe te permite ver a Dios tan claramente en una situación humanamente tan dolorosa y compleja.
Muchas gracias por compartir con ese don para "transmitir desde el corazón" que Dios te ha dado.
Mau querida, no hay ni una palabra más ni una menos en tu maravilloso escrito😰💔 Dios tiene el control y saldremos adelante, demasiado triste todo😰💔❤️🩹
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