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SACRIFICIO INCRUENTO III


¡FELIZ Y BENDECIDO DOMINGO! 

Viene del capítulo anterior, SACRIFICIO INCRUENTO II.

Seguimos con...

LA LITURGIA DE LA EUCARISTÍA 

Consta de tres partes: Rito de las ofrendas u Ofertorio, Gran Plegaria Eucarística (es el núcleo de toda la celebración, es una plegaria de acción de gracias en la que actualizamos la muerte y resurrección de Jesús) y Rito de comunión.

Ofertorio. Presentamos el pan y el vino que se transformarán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.  En ese momento, los fieles ofrecen sus colaboraciones económicas para el mantenimiento del culto divino y las obras parroquiales.

 

En ese pan y ese vino que ofrece el sacerdote a Dios- fruto del sudor y del trabajo del hombre- están todos tus esfuerzos humanos, tus problemas, agobios y preocupaciones, tus buenas acciones y tus luchas por portarte bien, las horas y acciones de tu día, diversiones y desilusiones. Este es el momento, de ofrecerle todo eso a Dios y ponerlo en la patena junto a Cristo, haciendo de tu vida, una verdadera ofrenda al Señor.

 

Prefacio. Es una oración de acción de gracias y alabanza a Dios, al tres veces santo.

 

Epíclesis. El celebrante extiende sus manos sobre el pan y el vino e invoca al Espíritu Santo, para que por su acción los transforme en el cuerpo y la sangre de Jesús.



Consagración. El sacerdote hace "memoria" de la última cena, pronunciando las mismas palabras de Jesús. El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y en la Sangre de Jesús. Es la parte más importante de la Misa, porque se repite el sacrificio de Jesús en la cruz, pero de forma incruenta, es decir, sin sangre.

A quienes les sea posible, por su salud y condición física, lo correcto es permanecer de rodillas durante la consagración, como signo de adoración.

 

Cuando el sacerdote levanta la Hostia y luego el Cáliz, cierto número de fieles, suelen bajar la cabeza y cerrar los ojos. No existe una norma que diga que eso es incorrecto. No obstante, siendo este, un momento de contemplar, de alabar, de adorar… en mi humilde opinión, lo ideal sería poder mirar fijamente, el milagro que allí está ocurriendo, para contemplar ese pedazo de pan y ese poco de vino, que se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo, en las manos del sacerdote, tal como ocurrió en la última Cena, en las santas y venerables manos de Jesús.

 

Aclamación. Aclamamos el misterio central de nuestra fe.

 

Intercesión. Ofrecemos este sacrificio de Jesús en comunión con toda la Iglesia. Pedimos por el Papa, por los obispos, por todos los difuntos y por todos nosotros.

 

Doxología. El sacerdote ofrece al Padre el Cuerpo y la Sangre de Jesús, por Cristo, con él y en él, en la unidad del Espíritu Santo. Todos respondemos: "Amén". No repetimos la oración completa, porque la liturgia indica que es para ser pronunciada por el celebrante, no por la asamblea.

 

Rito de la Comunión. Comprende el Padrenuestro, el rito de la paz, la fracción del pan y la comunión.

 

Padrenuestro. El sacerdote, con las manos juntas, invita a rezar con alguna de las fórmulas previstas en el Misal. Luego, junto con la asamblea, dice o canta el Padrenuestro. El sacerdote lo dice con las manos extendidas (Instrucción general del Misal Romano 152).

 

El Misal dice que el sacerdote y los concelebrantes (si los hay) son los que extienden las manos. En ninguna parte indica que lo hagan los fieles. No obstante, esta es una práctica que se ha hecho costumbre a lo largo de los últimos años. Así como también,  el hecho de tomarse de las manos, lo que significa que rezamos todos juntos, unidos como hermanos, a Dios nuestro Padre, lo cual, tampoco está contemplado en el misal; sin embargo, un número significativo de sacerdotes, principalmente en América Latina, no están en desacuerdo con esta práctica; inclusive, algunos de ellos la impulsan.


Al rezar el Padrenuestro en la misa, al final se omite el Amén.

 

El sacerdote continúa pidiendo para toda la comunidad de los fieles, la liberación del poder del mal. El pueblo concluye, respondiendo: “tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor”.

 

Rito de la paz.

El sacerdote solo, dice en voz alta: “Señor Jesucristo que dijiste a tus apóstoles…”. Luego anuncia la paz diciendo: “La paz del Señor esté siempre con ustedes”. La asamblea responde: “Y con tu Espíritu”. Luego el diácono o el sacerdote si no hay diácono añade: “Dense fraternalmente la paz”. La invitación a darse la paz, y el saludo de la paz son optativos. Puede omitirlos el sacerdote si lo considera oportuno. El sacerdote puede dar la paz a los concelebrantes y a los ministros, pero debe permanecer siempre dentro del presbiterio (*IGMR 154). No hay que darles la paz a todos, sino solo a los más cercanos (*IGMR 82).

 

El momento de la paz es un símbolo y es un momento para compartir con las personas más cercanas (Los que estén sentados a los lados, delante y detrás). Es totalmente inapropiado moverse del sitio para ir a dar la paz a alguien que no está cerca o para dar un pésame.

 

Fracción del pan. El sacerdote parte el pan. El pueblo canta la súplica Cordero de Dios. La invocación “Cordero de Dios, Tú que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor”, debe acompañar toda la fracción del pan, por lo que puede repetirse tantas veces sea necesario, hasta que termine el rito. La última vez concluye con “danos la paz”.

El sacerdote eleva la hostia sobre la patena o sobre el cáliz. Mientras lo muestra dice: “Este es el cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Dichosos los invitados a participar en la cena del Señor”. Los fieles responden: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya, bastará para sanarme”.

La liturgia no indica que los fieles deban estar de rodillas durante la fracción del pan. Pueden permanecer de pie, con recogimiento.

 

Comunión. Llenos de alegría nos acercamos a recibir a Jesús, pan de vida. Antes de comulgar hacemos un acto de humildad y de fe.

 

Para recibir la Comunión debemos cumplir con lo que nos pide la Iglesia, estar libre de pecado mortal, haber acudido al sacramento de la Confesión en el último año (el segundo mandamiento de la Iglesia dice: Confesar los pecados mortales, al menos una vez al año, en peligro de muerte y si se ha de comulgar) y guardar el ayuno eucarístico. Cada corazón debe saber cuándo puede comulgar y cuándo no, es algo muy personal.

 

Cada Iglesia tiene su propio protocolo de Comunión, al que debemos adaptarnos con respeto y humildad. Pueden ser solo sacerdotes los que imparten la Comunión, o pueden ser varios ministros extraordinarios de la Comunión, en diferentes puntos de la Iglesia. Lo importante es que, si se nos pide hacer fila por un pasillo y regresar por el otro, seamos capaces de cumplir con ello, de forma obediente, colaborando con el orden de la celebración.

 

La Comunión se puede tomar directamente en la boca o en la mano. Para recibirla en la mano, debemos colocar la mano derecha debajo, abierta, con la palma hacia arriba y sobre ella, la izquierda en la misma posición. El sacerdote o ministro, coloca la hostia sobre nuestra palma izquierda y con la derecha, la tomamos y la llevamos a la boca; y lo correcto es hacerlo frente al ministro, no más adelante o al llegar al asiento.

 

Después de la comunión, resulta provechoso un momento largo de acción de gracias, comenzando por parte del sacerdote.

Aquellas personas que por diversas circunstancias no pueden recibir la comunión sacramental en el momento de la comunión, pueden hacer una comunión espiritual para que Jesús llegue a sus corazones y los santifique.



Oración. Damos gracias a Jesús por haberlo recibido, y le pedimos que nos ayude a vivir en comunión.

 

RITOS DE DESPEDIDA. Son ritos que concluyen la celebración.

 

Bendición. Recibimos la bendición del sacerdote. Luego, con las manos juntas, el sacerdote agrega: “Pueden ir en paz” y los fieles responden: “Demos gracias a Dios”. La Misa no termina hasta la bendición del sacerdote, es por ello que hasta que este no se haya retirado del presbiterio e impartido la bendición, los fieles no deben abandonar el templo.      

 

*IGMR: Instrucción general del Misal Romano.

 

Las cosas de Papá Dios… Cuando creía que había terminado de escribir, justo antes de cerrar el documento, no sé por qué abrí Facebook y me apareció una página que no sigo y que nunca había visto, que se llama Curso de Eucaristía y la publicación decía así:

«3 RAZONES PARA IR A MISA:

1.    Los demonios pierden dominio sobre ti.

2.    Rindes homenaje a Nuestro Señor.

3.    Recibes bendiciones en tu persona, familia, negocio, etc.»

 

Hasta aquí, lo básico de la Eucaristía, pero todo es perfectamente ampliable y sujeto a ser alimentado y enriquecido con detalles específicos de cada momento de la celebración, con testimonios de santos, con milagros eucarísticos y más…

 

«Cuando entiendas que Jesús es la Eucaristía no podrás dejar la Iglesia. No porque la Iglesia no te lo permita, sino porque tu corazón no te dejará».

P. Jorge Enrique Mujica, LC.

Si te gustó, me encantará que lo comentes y compartas con quien creas puede disfrutarlo y/o necesitarlo ¡Hasta muy pronto!

María Eugenia Álvarez Brunicardi (Maucha).

http://648a4cbc3276b.site123.me/

Caracas, 21 de enero de 2024

PPD

Comentarios

  1. Me encanta que eres imparable cuando se trata de evangelizar. Te quiero grande!!!

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  2. Perfecto! Y correctísimo!
    No falta detalle.
    Y pensar que hay tanta gente que no sabe ni aprecia esto.😩

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  3. Hola Mau... De verdad agradecida ya que por primera vez en mi vida he podido conocer la importancia y significado de cada fragmento de la misa!...

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  4. Muy bien narrado y explicado
    Gracias a Dios estuve en un colegio religioso desde kinder ; pero es lindo todas tus enseñanzas para las personas que no saben tanto de la importancia y maravillosa que es la Eucaristía
    Dios te bendiga siempre Mauchita por tus enseña zas

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  5. ¡Que buena explicación! Me encanta y será de gran ayuda en la catequesis de Primera Comunión. ¡Muchas gracias!

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