!Bendecido sábado, previo a la canonización! 🙏🙏
Siete beatos serán canonizados mañana en el Vaticano por el Papa León XIV. La gran mayoría de los venezolanos vivimos una inmensa alegría, porque entre ellos, figuran los dos primeros santos venezolanos, el Doctor José Gregorio Hernández y la Madre Carmen Rendiles.
Domingo 19 de octubre: ¡Día grande para nuestro país!
Pensé publicar mañana, pero estaremos ocupados y eufóricos, viviendo un evento de tal magnitud, que nos toca muy de cerca.
El mundo entero habla de ellos y con razón. A los venezolanos nos llena de profundo orgullo, porque es una bendición de Dios saber que, luego de confirmados y aprobados sus milagros, tras una larga espera, especialmente en el caso de José Gregorio, han llegado a los altares. Sin embargo, no soy yo, la más entendida en la trayectoria de sus causas. Recién estoy comenzando a conocer detalles de cada una, por lo que no me siento capaz de escribir con propiedad sobre sus vidas. No obstante, sí me atrevo a hablar de santidad, ya que, los milagros probados, son solo el escalón final para el ascenso, ya que, sin la vida santa que llevaron, nada de esto hubiera sido posible.
Como es natural, ustedes se preguntarán: ¿Quién es esta para
hablar de santidad? ¿Qué autoridad tiene? Y yo les respondo que, una persona normal y corriente, con
una vida sencilla y ordinaria, que comete errores por montones, que se equivoca en cada paso que da, que se cae y se levanta, pero que cree en Dios, que ama a Dios, que cree que
Dios la ama y la perdona, y que tiene muy claro que quiere ir al cielo.
¿Y eso me hace santa? No. Para absolutamente
nada. Estoy muy lejos de ello. Pero quiero serlo y estoy convencida de que por
algo hay que empezar. Son precisamente, esas afirmaciones: creer en Dios,
amarlo, creer que me ama y me perdona y querer ir al cielo, que se han ido convirtiendo en
certezas en mi vida, y me interpelan constantemente, sobre qué estoy
haciendo de bueno para lograrlo. Y al mismo tiempo que me invitan a la reflexión, me otorgan la autoridad para hablar de "la santidad que quisiera alcanzar".
¿Por qué querer ser santo si es tan aburrido?
Porque si solo pensamos en divertirnos, con el cuento de que la vida es una
sola, es porque no tenemos un propósito, un para qué. Es porque solo pensamos
en el hoy, en el ahora, en la dopamina, en lo material, en comprar, gastar,
consumir; y resulta que eso, poco a poco, lentamente, nos va vaciando por
dentro de tal manera que, sin darnos cuenta, entre tanto hacer y tener, nos
olvidamos de ser. Y si hacer el bien, resulta aburrido, es porque no lo estamos haciendo con amor, sino por compromiso.
Creo que esto no es algo que se alcance de la
noche a la mañana, de hecho, no creo que lleguemos a saber algún día si lo
logramos, y eso lo asumo como parte de la santidad, porque por muy santos que
seamos, creer que lo somos, sin duda debilita la condición o el estado que
estamos luchando por alcanzar. Creo que se trata de no dejar de esforzarnos
nunca por ser mejores seres humanos y por alimentar nuestra alma. El hecho de
desearlo, nos coloca en el camino correcto, no nos hace santos.
Muchos dirán: “Pero yo no quiero ser santo”. Pues, perfecto. Quien no lo desee, no lo será y punto. En el capítulo 12, versículo 47 del evangelio de Juan, dice: "Y si alguien escucha mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo". Más claro, imposible. A buen entendedor, pocas palabras. Sin embargo, quien aspire ir al cielo, suena bastante lógico que lo desee, lo pida a Dios y se esfuerce por alcanzarlo. Es muy fácil decir, yo nunca le he hecho mal a nadie, pero ¿cuánto bien has hecho? Ese es el punto. No se trata de creerme bueno por no hacer el mal, sino de esforzarme por hacer el bien.
Creo que vamos bien encaminados cuando nos
damos cuenta de que no solo queremos ser santos, sino que también queremos que
otros lo sean. Comenzando por eliminar ese respeto humano, que nos lleva a
pensar: “ese es su problema”, “allá él”, “yo no me meto en eso”, “es su vida” y
cambiarlo entonces, por rezar por esa persona y ofrecerle sanos y sabios consejos,
correcciones fraternas, invitaciones apropiadas, con sutileza, sin abrumar, sin
intensidad. No siempre logramos acercar a las personas a Dios. Y hay unas
cuantas que te hacen sentir de entrada, que no tienen nada que ver con eso,
pero papá Dios sabe que lo intentamos. No pasa nada, eso no tiene que robarnos
la paz; rezaremos por ellas, porque obvio que no las vamos a atosigar con un
mensaje que sabemos es el correcto, pero que ellas lo encuentran aburrido,
fanático y cansón. Dios tiene sus caminos. Lo que está mal es no intentar hacer
el bien, con cariño, con respeto, con delicadeza, sin imposiciones, claros de
que estamos haciendo el bien. Si hay rechazo, es normal, todo tiene su momento.
Desear ser santo es
intentarlo una y otra vez, es dar lo mejor de uno mismo en toda ocasión, es elegir
siempre el bien. Es caernos y levantarnos. Y lo más importante es que, no es para personas especiales, ni para
curas, monjas y consagrados, no, la santidad es para todos, porque es ser cada día mejor… Pero no se
puede ser mejor, si no se hace bien al prójimo.
Santidad no es pensar que no me puedo divertir, que no puedo tener sueños personales, que no puedo pensar en mi. Todo lo contrario, si se lo entrego todo a Dios, lo agradezco todo, me quiero, me respeto y pongo al servicio de los demás y de Dios, los dones que me ha dado, eso me acerca a Él. Dios me quiere y me quiere feliz. No se trata de sacrificarme todo el tiempo, sino de disfrutar y agradecer el helado que me comí, el vinito que me tomé, el rato que compartí con la familia, con los amigos, cada pequeño detalle, cada persona que acerqué a Dios con una palabra, una llamada, un abrazo, un escrito... y ofrecérselos a Dios. Y a la inversa, agradecer por cada persona que tuvo un gesto conmigo, una palabra, un abrazo o algo que me acercó a Dios. Poco a poco, vamos agradeciendo situaciones, encuentros, personas en nuestra vida y dones que antes no apreciábamos por considerarlos normales, ordinarios, pero ahora vemos que son regalos de Dios y que nos sirven para hacer el bien, para ayudar a otros. Sin darnos cuenta, nos va cambiando el esquema y va resultando mucho más valioso “ser” que “tener”; y de pronto, nos hace más felices “dar” que “recibir”.
He oído hablar tanto sobre la santificación del trabajo de san Josemaría Escrivá de Balaguer, un santazo, por cierto, pero no conocía mayores detalles de sus planteamientos y filosofía. De pronto, me encontré con esta joya en la página del Opus Dei, que no podía dejar de compartir, porque justo de eso se trata, de transmitir y de contagiar lo bueno, y este santo, es digno de leerlo, escucharlo, estudiarlo, pero sobre todo, de imitarlo. Es solo un extracto de su obra, pero me encantó.
«Tres facetas de una misma realidad»
«San Josemaría Escrivá recibió un llamado
especial de Dios a recordar la santificación del trabajo en medio del mundo.
Concretamente, hablaba de tres dimensiones o efectos del trabajo santificado:
el trabajo mismo, la persona que lo realiza y los demás. Se trata de tres
facetas de una misma realidad. ¿Qué quiere decir cada una?
Santificar el trabajo significa poner todo lo que está de nuestra parte para que el trabajo esté bien hecho. Esto requiere un esfuerzo continuo por dar lo mejor de uno mismo, por buscar maneras de innovar y de mejorar la calidad de procesos, etc. “No se puede santificar un trabajo que humanamente, sea una chapuza, porque no debemos ofrecer a Dios tareas mal hechas” (Surco, 493). Para San Josemaría, “el hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor y se ordena al amor. Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor, de nuestro esfuerzo” (Es Cristo que pasa, 48).
Santificarnos en el trabajo significa que en la medida en que trabajamos, vamos forjando virtudes —las mismas virtudes de Jesús— nos hacemos más semejantes a Dios, nos identificamos con Él, y gastamos nuestra vida por los demás, como lo hizo Jesús al venir a la tierra a salvarnos.
Santificar a los demás por medio de nuestro
trabajo tiene
que ver con la dimensión social y apostólica del mismo. El trabajo siempre
tiene una repercusión en los demás, ya que implica brindar un servicio a otro y
eso, necesariamente, incide en la mejora de la sociedad. Todos hemos
experimentado cómo el ejemplo de una persona trabajadora es fuente de
inspiración. Todo el que haya sido destinatario de un servicio prestado de
manera excelente, concuerda que esa experiencia fue transformadora. Recibir un
buen servicio, ser atendidos con amabilidad, nos hace sentirnos personas
queridas y respetadas y nos lleva a querer hacer lo mismo con los demás. Se
vuelve un círculo virtuoso donde uno quiere dar lo que ha recibido».
Este último párrafo, aparte de que no tiene
desperdicio alguno, me hizo recordar las debilidades referentes a la atención
al público y la importancia del trato amable, sobre las que he escrito en mis
dos últimos artículos, así que, además de ser normas de elemental cortesía, nos
sitúan en el camino al cielo. Pero ojo, comenzando con las formas, para
llevarlas luego al fondo, con mucho amor en todo lo que hacemos. No se trata
solo de parecer, es necesario SER.
Para cerrar, quiero contarles que he comenzado
a barajar en mi cabeza, algo muy parecido a un ensayo. Con muchas dudas, pero convencida
de que va en la misma línea de la santidad y de querer llegar al cielo. Fue inspirado en un
curso de tanatología, que tomé hace más de un año, con la tanatóloga mexicana,
Marcela Meroño.
Aparte de mis reflexiones personales, que ya
comencé a escribir, me gustaría incluir testimonios de santidad actuales, vivos
y cercanos, historias de "santos de a pie", como solía llamarlos el papa
Francisco, o santos de blue-jean, como se le conoce al joven Carlo Acutis,
recién canonizado.
¿Me ayudarías a encontrar historias recientes, cotidianas, reales, de personas normales y corrientes que han vivido procesos de conversión o que llevan una vida de santidad y son felices? Ya tengo varias en mente, pero me encantaría contar con un contenido riquísimo que ayude a contagiar a muchos.
Demás está decir que las recibo feliz, las leo, las selecciono y las
inserto. No hace falta que sean textos pulidos; de eso también me encargo yo. Lo
importante es la esencia, "el qué"… yo le pongo "el cómo". Calculo que esto se puede tomar un año, pero estoy decidida a hacerlo, saltando los obstáculos que se presenten... Si Papa Dios lo puso en mi cabeza y en mi corazón, Él me ayudará a sacarlo adelante.
Piénsalo, en serio, seguro sabes de la vida de alguien cercano, que estaba alejadísimo de Dios y se ha acercado por determinadas razones... o alguien que lleva una sencilla vida de santidad, que parece poco importante, pero que su testimonio podría hacer el cambio en muchas personas. O alguien a quien no conoces, pero sabes su historia y crees que merece ser contada. O personas con algunas de esas características, a las que pudiera entrevistar.... eso me encantaría. Hay mil maneras de contar lo bueno y te aseguro que será un tiempo mejor aprovechado que los que dejamos pasar oyendo, criticando y compartiendo lo malo; viendo lo negativo, lo que no funciona; diciendo que estamos ocupadísimos, estresadísimos y que no nos da la vida.
Si te gustó, me encantaría que lo compartieras con quien creas puede disfrutarlo o necesitarlo Si me dejas comentario y quieres que sepa quien lo envía, por favor, escribe tu nombre. ¡Feliz y bendecida semana!
Maucha.
Si quieren enviarme algo, pueden hacerlo a: maucha58@gmail.com
@soymariaealvarezb/ @mabrelatos/ https://648a4cbc3276b.site123.me/
Me encantó! Que riqueza es la comunicación dedicada al espíritu, cuando el mensaje es como tu relato fluido, liviano que invita a la búsqueda del sentido de la Santidad desde nuestras experiencias que surgen de la libertad con la que somos creados para vivir el camino de la cinversión profunda y la entrega en nuevas acciones que nos llegan del encuentro profundo con el espíritu de Diós.
ResponderBorrarMuy bello y oportuno tu escrito!
ResponderBorrarHay la disposición general de celebrar y agradecer a Dios que tenemos dos Santos!!
Desconozco el recorrido de sus vidas, pero seguramente habrá sido extenso, intenso y lleno de cantidad de características especiales para haber podido llegar a la Santidad!!!
Como siempre te felicito por tu escrito esperanzador, al asomar una visión más cercana a la Santidad!
Yantany
Feliz día, dios te bendice grandemente, ya el cielo es tuyo, y mío también xq yo también quiero ir allá, besos, de más está decirte que me encantan tus relatos, dios te siga iluminado 🙏🏾🙏🏾🙏🏾
ResponderBorrarQuiero ser Santa........me encantó
ResponderBorrarQue alegría volver a verte el el ciberespacio y más con este motivo.
ResponderBorrarMe uno a vuestra alegría y agradecimiento.
Que Dios os bendiga y que los Santos venezolanos os protejan 🙏🙏
Como siempre me gustan mucho tus relatos… de una gran profundidad y que nos lleva a la reflexión… la clave de todo nuestro actuar cotidiano pienso que es actuar en conciencia y ser cada día menos egoísta haciendo el diario esfuerzo… bien difícil por cierto… veo en síntesis lo que tú nos quieres transmitir… gracias Maucha y muchos cariños!! 🙏🏼🙏🏼❤️❤️
ResponderBorrarGracias por atreverte a hablar de santidad y por querer serlo. Eso es esperanza!
ResponderBorrarGracias Maucha. Feliz dia de la santidad venezolana!
ResponderBorrarGracias por hablar de la santidad!
Ciertamente pensar que la santidad es algo aburrido, es total ignorancia!
Excelente escrito y me llena de regocijo saber que esa frase que esta escrita por usted que dice que debe esforzarnos cada día por ser mejores seres humanos y alimentar nuestras almas me llena de satisfacción porque reo plenamente en ellas y que en ese esfuerzo esta el alcanzar nuestra santidad personal Gracias sra Maucha!
ResponderBorrarQue hermoso y reflexivo tu opinión del Edadismo!!!
ResponderBorrarEs que para mí hasta el nombre me es antipático.
Es verdad lo que dices con respecto a la edad, nos desplazan por tener 50 años y podemos ser profesionales de alto índice y desempleado.
Es una pena pero esta ocurriendo más de lo que imaginamos.
Me he apropiado de una serie de palabras que me sirven para mi Mochila de regalos de DIOS.
Paciencia, Virtud, Compasión, Compresión, Ternura, Empatía, Cariño, Cortesía y unas cuantas más que están extinguidas de esta nueva generación.
Gracias Mabrelatos.
Por tu constancia reflexiva.
Me haces más humana!!!